jueves, 6 de febrero de 2014

Capitulo 7°

Anteriormente:


*Victoria*
Si, si dije que no lo besaría hasta que conozca lo que realmente soy. Pero, es que ese maldito ascensor… ¿Cómo demonios puede una caja de metal remover tantos sentimientos y volver un momento tranquilo a la fogosa imagen de ese impresionante beso? ¿Cómo?

Mierda. Esto no es solo deseo, es más, atracción…

Continuación:

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Llegamos al departamento de Marcos, el que compartía con Julián, uno de mis pequeños pollos, quien había sido novio de mi hermana, y mejor amigo del hombre que quiero que me complazca. Realmente eso no suena muy bien.
Acostumbro a mantener a mi familia al margen de mi vida privada. Más por mi padre, mi madre no sé que haría en reacción si se enterara de mi vida sexual, tampoco lo pienso.
Pero como Natacha es una mujer muy atractiva y brillantemente Diseñadora de la indumentaria de grandes estrellas actorales, etc, etc; y gran cazadora de corazones de guapos muchachos. Siempre fue la que se encargaba en traer las citas a la casa. Yo jamás llevé un maldito hombre a mi casa, y no lo pensaba hacer por más que me tengan como la lesbiana reprimida de la familia. Si… sé que me tienen con esa imagen.
Claro… Como me ven dura y solitaria eso piensan de mí, o sinó, que soy muy imponente, tanto que los hombres me huyen. Incluso Natacha, ya que me vive cargando con que “los hombres no muerden”, entre otros chistes y bromas. Realmente eso lo sé querida hermanita, porque para los hombres la que “muerde”, si es por un decir, soy yo. Y lo bien que hacen al encontrarme intimidantes y muy Dominante, porque eso es lo que soy. Yo Domino baby…
Hay veces en las que la cazo tratando de enseñarme con los hombres ¡Ja! Que irónico, conozco más de cómo dar placer a un hombre de que ella se imagina. Lo sé todo sobre ello, soy una maldita experta y ella quiere venir a enseñarme… ¿A mí? Varias veces sentí la necesidad de utilizar todo mi autocontrol para no callarla con mi maldita información, para que ya dejen de molestarme, pero eso no sería bien visto. Soy una Dominante BDSM y tomo a jovenes con la mirada sumisa, grandes ojos celestes y cabello castaño como mi adicto padre bilógico de mierda. No, eso no suena bien… Mejor me quedo como estoy y me la soporto, es mi hermanita, por supuesto que puedo soportarla.
Marcos baja del auto y abre mi puerta quitando esa obligación a Roberto que lo mira con desapruebo. Claro, puedo reprenderlo por no ser más rápido que él, estando de mi lado. No, no voy a hacerlo quedate tranquilo.
Caminamos y llegamos al departamento.
*Marcos*
Julian y Natacha están en la cocina besándose. Natacha sobre la mesada colgando sus brazos y Julian agarrando su cintura parado en frete. Ambos sonríen entre beso y beso.
—Hola, chicos —Natacha se percata que entramos en la sala—Buenos días.
—Natacha —Victoria se pone rígida, al parecer nunca la vio en una situación tan comprometedora.
Yo los miro con una pequeña sonrisa. Me alegro por ellos pero bien que me gustaría estar ahí con Victoria y sostener yo su cintura. Que buen pensamiento...
Natacha estaba descalza con sus bragas y una remera de Julian. Él con sus bóxers y una camiseta musculosa blanca.
Julian hace una mueca y la ayuda a bajar.
—Buenos días, Victoria—se excusa. Aún lo intimida nuestra Jefa y cuñada suya.  
Ella asiente en respuesta.
Pasaron unos segundos y podía ver como Victoria “retaba” a su hermana con la mirada.
—Marcos—Julian me abrazó y me dio unas palmadas en la espalda.
—Natacha, mejor nos vamos —puedo notar la voz de hermana sobreprotectora.
—Sí, me cambio y salgo—Sale de la cocina de mala gana.
—Si me permiten, me pongo algo más apropiado—Julian salió atrás de Natacha y cuando pasó al lado mío me guiñó el ojo.
Le di una palmadita en la espalda.
Estábamos en la cocina solamente nosotros dos.
Era solo silencio.
Decidí interrumpirlo.
—Victoria… necesito que aclaremos lo que…—me interrumpió.
—Sí, no volverá a pasar hasta que tenga tu permiso—su mirada estaba clavada en la mía. Dios, esto logra intimidarme.
Sigo sin entender de qué habla con eso del permiso y yo qué sé que otra cosa más.
Bajé mi mirada un poco intimidado.
Este es el momento, tengo que decírselo.
Abrí la boca para tomar una bocanada de aire pero mi voz sonó casi un susurro, tan bajo que no pude escucharme.
—Marcos, ¿estás bien? —buscaba mi mirada.
—¿Te gustaría cenar esta noche? ¿Conmigo…? —me armé y levanté la mirada. Me mira sorprendida extendiendo sus pequeños ojos miel ¡Mierda! ¡Ella está Sorprendida! Hay no, no estoy para que me rechace.
Estaba totalmente congelada. Podía ver como sus ojos se detuvieron en el tiempo.
Sus labios formaron una delgada línea. Pasó su dedo índice sobre su labio.
Gemí.
—Por favor, yo invito –di un paso a ella y la agarré rápidamente por la cintura. Yo sé que ella quiere.
—Marcos…—Se tensó cuando la toqué. Ella tenía sus brazos al lado de su cuerpo. Seguía sin tocarme.
—¿Sí? —insistí.
Vamos, Victoria, por favor nena…
—Eh, yo…—al fin reaccionó—. Sueltemé, Marcos.
—Sólo si acepta—la soborné.
—Sí, sí, hecho—me di cuenta que no respiraba.
—Bien—cumplí mi trato.
Wow, una cita con la rubia.
Recorrí rápidamente todo su cuerpo. Definitivamente los tacos la estabilizaban, los jeans moldeaban bien todo su cuerpo y la blusa blanca dejaba notar su ropa interior negra por debajo.
—A las 8 Roberto pasa a buscarte—dijo en susurro pero muy mandataria como siempre. Si tuviera que apostar, apostaría que lo dijo en un tono un poco sensual.
—Hecho—le sonreí.
—Lista—Natacha interrumpe en la cocina. Julian se apoyó sobre el marco de la puerta en la entrada de la misma. Cruzamos miradas de “tenemos que hablar”
—Bien, vamos…—Victoria por fin me sacó la mirada de encima.
Victoria sale por la puerta al lado de Julian y se para en la puerta de entrada observando a su hermana y, en cuanto podía, a mí de reojo.

CONTINUARÁ...

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