*Victoria*
Si, si dije
que no lo besaría hasta que conozca lo que realmente soy. Pero, es que ese
maldito ascensor… ¿Cómo demonios puede una caja de metal remover tantos
sentimientos y volver un momento tranquilo a la fogosa imagen de ese
impresionante beso? ¿Cómo?
Mierda. Esto
no es solo deseo, es más, atracción…
Continuación:
~~~
Llegamos al
departamento de Marcos, el que compartía con Julián, uno de mis pequeños
pollos, quien había sido novio de mi hermana, y mejor amigo del hombre que
quiero que me complazca. Realmente eso no suena muy bien.
Acostumbro a
mantener a mi familia al margen de mi vida privada. Más por mi padre, mi madre
no sé que haría en reacción si se enterara de mi vida sexual, tampoco lo
pienso.
Pero como
Natacha es una mujer muy atractiva y brillantemente Diseñadora de la
indumentaria de grandes estrellas actorales, etc, etc; y gran cazadora de
corazones de guapos muchachos. Siempre fue la que se encargaba en traer las
citas a la casa. Yo jamás llevé un maldito hombre a mi casa, y no lo pensaba
hacer por más que me tengan como la lesbiana reprimida de la familia. Si… sé
que me tienen con esa imagen.
Claro… Como
me ven dura y solitaria eso piensan de mí, o sinó, que soy muy imponente, tanto
que los hombres me huyen. Incluso Natacha, ya que me vive cargando con que “los
hombres no muerden”, entre otros chistes y bromas. Realmente eso lo sé querida
hermanita, porque para los hombres la que “muerde”, si es por un decir, soy yo.
Y lo bien que hacen al encontrarme intimidantes y muy Dominante, porque eso es
lo que soy. Yo Domino baby…
Hay veces en
las que la cazo tratando de enseñarme con los hombres ¡Ja! Que irónico, conozco
más de cómo dar placer a un hombre de que ella se imagina. Lo sé todo sobre
ello, soy una maldita experta y ella quiere venir a enseñarme… ¿A mí? Varias
veces sentí la necesidad de utilizar todo mi autocontrol para no callarla con
mi maldita información, para que ya dejen de molestarme, pero eso no sería bien
visto. Soy una Dominante BDSM y tomo a jovenes con la mirada sumisa, grandes
ojos celestes y cabello castaño como mi adicto padre bilógico de mierda. No,
eso no suena bien… Mejor me quedo como estoy y me la soporto, es mi hermanita,
por supuesto que puedo soportarla.
Marcos baja
del auto y abre mi puerta quitando esa obligación a Roberto que lo mira con
desapruebo. Claro, puedo reprenderlo por no ser más rápido que él, estando de
mi lado. No, no voy a hacerlo quedate tranquilo.
Caminamos y
llegamos al departamento.
*Marcos*
Julian y Natacha
están en la cocina besándose. Natacha sobre la mesada colgando sus brazos y
Julian agarrando su cintura parado en frete. Ambos sonríen entre beso y beso.
—Hola, chicos
—Natacha se percata que entramos en la sala—Buenos días.
—Natacha —Victoria
se pone rígida, al parecer nunca la vio en una situación tan comprometedora.
Yo los miro
con una pequeña sonrisa. Me alegro por ellos pero bien que me gustaría estar
ahí con Victoria y sostener yo su cintura. Que buen pensamiento...
Natacha
estaba descalza con sus bragas y una remera de Julian. Él con sus bóxers y una
camiseta musculosa blanca.
Julian hace
una mueca y la ayuda a bajar.
—Buenos
días, Victoria—se excusa. Aún lo intimida nuestra Jefa y cuñada suya.
Ella asiente
en respuesta.
Pasaron unos
segundos y podía ver como Victoria “retaba” a su hermana con la mirada.
—Marcos—Julian
me abrazó y me dio unas palmadas en la espalda.
—Natacha, mejor
nos vamos —puedo notar la voz de hermana sobreprotectora.
—Sí, me
cambio y salgo—Sale de la cocina de mala gana.
—Si me
permiten, me pongo algo más apropiado—Julian salió atrás de Natacha y cuando
pasó al lado mío me guiñó el ojo.
Le di una
palmadita en la espalda.
Estábamos en
la cocina solamente nosotros dos.
Era solo
silencio.
Decidí
interrumpirlo.
—Victoria…
necesito que aclaremos lo que…—me interrumpió.
—Sí, no
volverá a pasar hasta que tenga tu permiso—su mirada estaba clavada en la mía.
Dios, esto logra intimidarme.
Sigo sin
entender de qué habla con eso del permiso y yo qué sé que otra cosa más.
Bajé mi
mirada un poco intimidado.
Este es el
momento, tengo que decírselo.
Abrí la boca
para tomar una bocanada de aire pero mi voz sonó casi un susurro, tan bajo que
no pude escucharme.
—Marcos,
¿estás bien? —buscaba mi mirada.
—¿Te
gustaría cenar esta noche? ¿Conmigo…? —me armé y levanté la mirada. Me mira
sorprendida extendiendo sus pequeños ojos miel ¡Mierda! ¡Ella está Sorprendida!
Hay no, no estoy para que me rechace.
Estaba
totalmente congelada. Podía ver como sus ojos se detuvieron en el tiempo.
Sus labios
formaron una delgada línea. Pasó su dedo índice sobre su labio.
Gemí.
—Por favor,
yo invito –di un paso a ella y la agarré rápidamente por la cintura. Yo sé que ella
quiere.
—Marcos…—Se
tensó cuando la toqué. Ella tenía sus brazos al lado de su cuerpo. Seguía sin
tocarme.
—¿Sí? —insistí.
Vamos,
Victoria, por favor nena…
—Eh, yo…—al
fin reaccionó—. Sueltemé, Marcos.
—Sólo si
acepta—la soborné.
—Sí, sí,
hecho—me di cuenta que no respiraba.
—Bien—cumplí
mi trato.
Wow, una
cita con la rubia.
Recorrí
rápidamente todo su cuerpo. Definitivamente los tacos la estabilizaban, los
jeans moldeaban bien todo su cuerpo y la blusa blanca dejaba notar su ropa
interior negra por debajo.
—A las 8
Roberto pasa a buscarte—dijo en susurro pero muy mandataria como siempre. Si
tuviera que apostar, apostaría que lo dijo en un tono un poco sensual.
—Hecho—le
sonreí.
—Lista—Natacha
interrumpe en la cocina. Julian se apoyó sobre el marco de la puerta en la
entrada de la misma. Cruzamos miradas de “tenemos que hablar”
—Bien,
vamos…—Victoria por fin me sacó la mirada de encima.
Victoria
sale por la puerta al lado de Julian y se para en la puerta de entrada
observando a su hermana y, en cuanto podía, a mí de reojo.
CONTINUARÁ...
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