Continuación:
*Marcos*
Victoria se veía tensa, enojada. Oh
mierda ella va a azotarme. Lo noté cuando presionó mi miembro bajo la mesa.
¡Mierda! Estoy muerto. Luego de haber
saludado a la familia, me observó y se fue primero junto con Roberto, diciendo
que lo enviaría por mí después de dejarla.
Acá estoy, esperando, hace media hora. OH Mierda… Que espantoso. Quizá
pudiera irme a Cancún y no volver, abandonar todo. ¡Llama un taxi vete ya antes de que sea tarde! Me suplicaba mi
subconsciente de rodillas. Negué ¡NO SOY
NINGÚN COBARDE! Voy a enfrentar a esa mujer, pasaré la noche con ella y…
Luego veo si me voy a Cancún o no.
Roberto se estacionó frente a mí y bajó a abrirme la puerta.
–Sr. Guerrero. –Me asintió. Lo observé y respondí subiendo al auto.
~~~
–¡Victoria llegué! –Nadie respondía, todo estaba obscuro y calmado en la
sala del departamento, como si no hubiera nadie. Fue entonces cuando me acerqué
a Roberto, pero él ya no estaba parado al lado de la puerta, ¿dónde mierda se
fue? ¿Y cuándo? En fin, siempre tan callado el condenado.
Caminé hasta la habitación y esta estaba iluminada con la lámpara tenue
sobre la mesita de noche de Victoria. Una nota en hoja blanca brillaba, letras
hermosas, redondeadas era típico de la niña hermosa del salón. Es hermosa hasta
en su manera de expresarse ¡¡Que mujer!!
Tomé la nota entre mis manos para leer lo que decía.
“Marcos:
Te espero en el cuarto de juegos en diez
minutos, desnudo, y arrodillado junto a la puerta.
Recuerda
las reglas cariño. No mirarme, ni hablarme hasta que te dé permiso o sufrirás
las consecuencias, y no puedes dirigirte a mí más que por Mistress Victoria.
No lo
dudes, confía en mi Marcos y tendrás tu recompensa…
¡Que
comience el juego!”
Retuve mi respiración unos segundos, mientras procesaba la información
¡Mierda! ¿Comenzar? ¿Realmente quiero
comenzar?
Me desvestí rápidamente. Sin duda no lo tenía que pensar, tenía
demasiadas ganas de probar su manera de Jugar
como ella lo llama. Millones de sensaciones me recorren el cuerpo, entre ellas
la adrenalina.
¡Maldita
sea no soy masoquista! Y menos puedo ser sumiso, amo ser el que
domina ¡Dios soy el Hombre! Deberíamos
tratar de ponernos de acuerdo, pero hoy la complaceré para ver que es capaz de
hacer conmigo.
Llegué a la habitación, doblé la manija e ingresé. Es tal cual como lo
recordaba, el aroma dulce a mujer, y la mierda alrededor de toda la habitación.
Como todo hombre jamás le tuve
miedo a algo o alguien y definitivamente este no es el caso, pero que me pone
nervioso y tengo la famosa gota gorda asomada en la frente, ¡la tengo!
Estaba muy incómodo con la maldita regla de estar desnudo y postrado al
lado de la puerta de la sala. Eso sonaba excitante sí, pero también raro y
vergonzoso. Igual lo hice.
Cuando sentía que pasaban los segundos, los minutos, varios minutos.
Sentí un sonido… ¿Tacos?
No la
mires, no la mires… Me decía una y otra vez recordándome que me
castigaría si lo hacía. Finalmente no pude negarme a subir la vista cuando un
par de bota rojas charoladas estaban frente mío, seguidos por las
despampanantes piernas pálidas de ella. Llevaba un conjunto de ropa interior
rojo furia incluyendo un maldito liguero que estaba sin sostener medias.
Mi pene ya erecto comenzaba a despertar entre mis piernas presionando mi
vientre y finalmente llegué a ella y su rostro. Ella estaba mirándome
firmemente a los ojos llevaba una fusta en la mano derecha y la agitaba sobre
la izquierda mirando mis ojos que se encontraba con los de ella. Traía su
cabello rubio platinado todo voluminoso en bucles que caían sobre sus pechos
perfectamente tapados con un corsé rojo que le llegaba encima del ombligo sin
taparlo. Sus labios carnosos delineados con un rojo sangre bien obscuro y
esbozando una media sonrisa, me azotó el trasero con la fusta.
–¿Yo te di permiso para que me miraras? –Reaccionó. Yo le negué y volvió
a azotarme. Gemí. –¡RESPÓNDEME! –Me impuso.
–No –Le murmuré y volvió a golpearme ¡Maldición
DUELE!
–¿NO QUE, GUERRERO? –Me preguntó. ¡Lo
olvidé otra vez carajo!
–No Mistress Victoria. –Se agachó y tomó mi barbilla, bajé la vista.
–¡Mírame! –La miré y sus ojos brillaba con satisfacción. –No te imaginas
lo hermoso que te ves así Marcos. –Me sonrió y alzó su cuerpo para seguir
imponiéndome.
–¡Párate! –Impuso sentándose sobre la cama. La observé y me paré. –Recuesta
tu lindo pecho contra la cama y dejando tu lindo trasero sobre mis piernas ¡AHORA!
–Así hice y ella tenía una linda vista a mi estúpido trasero. Me removí. –¡Quieto
Guerrero! ¿Sabes porque hago esto verdad? –Preguntó, asentí. –¡RESPONDE! –Azotó
mi pierna y respondí duro.
–Si Mistress Victoria. –Ella asintió y yo acariciaba mi mejilla en la
suave tela de seda sobre la cama.
–Voy a azotarte Marcos, y contaras. Con fuerza. ¿Entendido? –Preguntó.
–Si Mistress Victoria. –Ella asintió orgullosa. Pasó la mano por espalda
y poco a poco fue bajando… Su suave mano llegó a mi trasero y acarició su
punto.
–Bien Marcos… Te diré porque serás castigado. Uno: Por beber alcohol
cuando no estás conmigo. –Azotó con fuerza. Grité. ¿Cómo mierdas sabe? –¡CUENTA!
–Se quejó.
–Uno. –Chillé. Ella volvió a acariciarme.
–Dos: Por haberme ocultado que mi hermana sería desposada… –Se sonrió
con malicia y soltó su mano sobre mí.
–Dios… –Ella no notó que no
dije “dos”, me removí. Me enderezó y me acarició una vez más... ¡Cuánto que hice! ¡MALDICIÓN!
–Tres: Por haberme mentido cuando pregunté si Julián tramaba algo… –Se
quejó. Y soltó su mano en mi trasero.
–¡TRES! –Grité. Ella ronroneó pensativa acariciando mi trasero.
–Cuatro: Por haberme contado luego de tres horas de saberlo, que
planeabas ir a Cancún. –Levantó la mano y una vez más.
–Cuatro… –Murmuré con frustración y ya no sentía lo que sucedía, solo
sentía cuando impactaba y cuando acariciaba.
–Cinco: Por hacerte el gracioso conmigo frente al ventanal de la casa de
mis padres. –Se quejó y ¡zas! Me azotó con fuerza una vez más.
–Cinco. –Susurré. Cerré los ojos y me dejé ir. Me sentía molesto, duro y
sin compasión alguna… Ella paseó la
fusta por mi espalda y la presionó contra mi pierna. –¡Arriba Guerrero!
Suficiente por hoy… –Informó y me levanté de encima de sus piernas. Me paré
sobre mis pies y me sentía exhausto.
–¡Sígueme, de rodillas! –Así hice, mis rodillas se molestaron contra la
madera oscura del suelo. Mi trasero chillaba ardiente y rosado de seguro. No puedo razonar a nada… Estoy perdido…
Ella caminaba a paso firme y seguro y yo la seguía arrastrando mis
rodillas, como un animal… Hice una
mueca de desagrado. Posando la fusta en mi hombro, la paseó por mi cuello y
paró bajo mi mentón.
–¡Arriba Guerrero! –Ordenó y me paré, miré hacia abajo e hice cara de
dolor a mis rodillas. –Ya te acostumbrarás… –Aseguró. Me presionó sobre la
equis de madera y gemí con dolor cuando la dura textura rosó mi trasero
adolorido.
Tomó la fusta, y la sostuvo con sus dientes mientras acariciaba una de
mis muñecas, la atajó bien fuerte con unas esposas. Luego se agachó y tomó el
tobillo del otro extremo de mi cuerpo y también lo ató. Igual hizo con mi otra
muñeca y tobillo, las acariciaba y las ataba con fuerza, pero no tanto como
para no soportarlo.
Finalmente tomó la fusta y la pasó con la lengua, desde la base hasta la
punta para que yo lo viera.
Pasó la fusta por mi pecho y la hizo sonar en un fuerte azote sobre su
muslo derecho… ¿O izquierdo? Ni siquiera se inquietó con su autogolpe. Jadee de
sorpresa.
–No
duele tanto ¿Ves? Sentí la pequeña y fina sensación de placer que te da…
Además, deja la piel en un suave y bonito rosado que adoro... –La pequeña
franjita blanca se convirtió en rosada y ella me miró ahora, bajé la mirada
rápidamente y ella levantó mi mentón con la fusta.CONTINUARÁ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario