viernes, 21 de noviembre de 2014

Capítulo 17° (1/3)

Abro la puerta para Victoria y ella ingresa con gracia y delicadeza. Rodeo el auto e ingreso a su lado.
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La mansión Bandi es una hermosa casa aislada en el barrio de Martínez, nos tomó un tiempo llegar. Los portones negros se abren y Victoria toma de mí para sonreírme, acción que devuelvo. Sigo observando hacia afuera por la ventanilla y seguimos un camino de piedritas claras que rasquetean las llantas del auto. Cuando llegamos a la entrada una enorme puerta sólida de robles barnizada perfectamente con una perilla dorada se asoma por mis ojos. La casa parece llevar un color crema, es difícil distinguirlo bajo la luz de la luna. Flores lilas descansan a cada costado de la entrada, o eso pude ver.
Caminamos hacia la entrada y el padre de Victoria pasaba el brazo por los hombros de una mujer de estatura baja con el cabello de un ceniza muy a tono con su piel y grandes ojos celestes; ambos estaban parados al lado de la gran puerta. Victoria suspiró nerviosamente y presionó mi mano sonriendo. Acaricié la misma con mi pulgar y sonreí hacia adelante.
–Marcos, un placer volver a verte. –Aseguró un Octavio ahora relajado extendiendo la mano hacia mí. Agité su mano con la mía y este saludó a su hija con un beso en la mejilla, hasta ahora nadie la toca. La mujer a su lado sonrió mirando a su marido y Victoria explicó:
–Marcos, ella es mi madre la Dra. Elena Ferri Bandi. –Aseguró. Sonreí hacia la mujer quien se acercaba hacia mí y acunaba mis mejillas dando un beso en cada una.
–Un placer querido. –Afirmó cálidamente. Asentí.
–El placer es mío Dra. Bandi –Ella sonrió y agitó su mano hacia la entrada.
–Gracias Marcos, Elena si gustas. Pasen por favor. –Dijo amablemente. Asentí con gusto, mejor si no tenía que ser tan formal.
Nos dirigimos hacia una especie de living, no especie, es living. Había una gran chimenea que por supuesto estaba apagada con la cálida noche que había hoy. Se acercaban las fiestas en Bs. As. Había un futón enorme en el centro del ambiente y había varios sillones que hacían juego con ese que era el mueble principal.
Natacha y Julián estaban complaciéndose con un profundo beso, este tenía recostada a la chica en el sillón. Victoria miró para un costado algo ¿Avergonzada? ¡No lo creo viejo! ¿Ella avergonzada luego de saber todo lo que sabe y hacer todo lo que hace?
¡Natacha, Julián por favor compórtense! –Dijo la señora Elena en un perfecto… ¿Francés? Y Julián separó a su, dentro de poco, prometida repentinamente con una sonrisa. Me sonreí mirando hacia un costado y Victoria presionó mi mano, la miré me hizo una mirada fría y me puse serio. Dios esa mirada…
–Ah Victoria… –Dijo la morena sonriéndose con tranquilidad.
–Sí, yo. –Respondió esta con la voz seria y clara.
–Disculpen. –Dijo Julián y reí. Victoria agitó mi mano. –Que hay Marcos ¿Bien? –Asentí.
–¿Se conocen? –Se unió Octavio preguntando.
–Por supuesto, Marcos es mi mejor amigo, casi que somos hermanos. –La señora Elena jadeó con sorpresa, Natacha asintió con gusto y Victoria  levantó una ceja ante la alegría de su madre.
–¡Oh que sorpresa tan agradable! –Festejó con una enorme sonrisa.
–Nosotros no teníamos ni idea que ambos se conocían… –Confesó Octavio y sentí la mirada cómplice del chico detrás de Victoria. Su cabello rojizo, su sonrisa radiante y joven. Sus ojos azules su altura estupenda.
–Igual, convengamos que si era por Vic nadie iba a saber nada… –Natacha estalló en una carcajada obvia. Victoria respiró profundo poniendo los ojos en blanco y sé que es un acto de autocontrol, se está controlando para no mandarla a la mierda.
De pronto ella salta tensamente y presiona mi mano al darse la vuelta.
–¡Demonios! –Chilló esta y Murray, su hermano rió con gracia. Negué cuando ella trataba de contener su susto y su furia.
–Hola preciosa. –Susurró y salió corriendo tras sus padres. Poco adulto, seductor y maduro como siempre suele ser.
–¡Murray! –Lo retó su madre con enojo.
–Es solo un chiste. –Frunció el entrecejo al notar el enojo de su madre, Natacha negó con una sonrisa y su padre lo miró igual que él lo hacía.
–Un chiste que puede costarte el próximo mes de tu Universidad en Londres. –Se limitó a decir su hermana mayor. Esta pasó su mirada por su madre y su padre, luego a su hermana quien miraba boquiabierta todo igual que Murray, Julián y yo. Jamás la había visto tan furiosa.
–Lo-lo-lo siento Vi-Victoria, no-no quería i-incomodarte. –Dijo el chico algo nervioso.
–Si no queres incomodarme mantén esas torpes manos tuyas lejos. Y todo estará perfecto. –Volvió a decir firme y claro para que todos entendieran. Elena miró hacia un costado con desconformidad y caminó hacia la puerta algo incómoda, noté sus ojos brillantes. Octavio fue tras su esposa.
Murray asintió y salió con el ceño fruncido de la habitación. Natacha salió tras él, Julián se encaminó hacia el mismo lugar y Victoria volvió a tomar su cartera.
–Nos vamos. Bueno, si quieres quedarte puedes, yo ya no puedo quedarme. –Habló nuevamente y caminó delante de mí. Volví de mi trance y camine tomando su mano, ya que otra cosa no sé si lo tolerará.
–Victoria… –Murmuré y ella se dio media vuelta a verme. –Podrías comunicarte con tu madre y pedirle bien a tu hermano, quizá explicarle porque no puede tocarte, tal vez…
–¡NO! –Terminó claramente y caminó hacia la puerta. Caminé tras ella viendo la casa por última vez. Victoria estaba por cruzar la puerta cuando obtuvo un llamado tras ella.
–¡Victoria! –Llamó una voz femenina. Ella no se dio vuelta. – ¡Hija! –Llamó la voz nuevamente y a eso ella si respondió parando y dándose media vuelta.
–¿Mamá? –Preguntó Victoria y su madre caminó hacia ella. La expresión de Victoria era de dolor, de angustia, de molestia. –¿Podemos hablar querida? –Ella dudó por un momento cuando me miró, asentí y luego de volver a mirar a su madre reflejó mi acción anterior. –Marcos ¿Puedes dejarme a solas con mi hija? –Preguntó la mujer amablemente. Miré a Victoria y ella deslizó una mano hacia la casa. Caminé hacia adentro dejando a una Victoria algo débil y a una madre preocupada.
*Victoria*
¡Mi tonto hermano! Suspiré con fuerza y observé la mirada preocupada de mi madre.
–Discúlpame por haber abandonado así el salón, lo lamento hija, no te vayas por favor… –Me suplicó y negué con molestia.
–No puedo quedarme. El ambiente se echó a perder, debes ponerle límites a ese niño. –Ella asintió sonriendo. –Encima te reís… –Me quejé ¿Qué es lo gracioso?
–Me río porque me agrada de que estes acá con un hombre… Con un hombre tan agradable y guapo como el que te está esperando dentro de la casa. –Sonreí ocultamente y ella lo notó. –Sonreíste… –Negué. –No me mientas, soy tu madre… Puedo quizá conocer algo sobre vos… –Me sonreí mirándola y asentí. Acercó su dedo índice hacia mí y presioné el mío contra el suyo. Esa, la única manera de comunicarnos piel con piel… Madre e hija comunicadas a un dedo índice… ¿Irónico o Inhumano? ¡Ambos Bandi!  –¿Me acompañas adentro…? –Jamás soy de tantas palabras con mi madre, ella con una sonrisa siempre logró todo conmigo. Todo excepto tocarme, tanto como siempre lo deseó.
Cuando era pequeña, ella detestaba que no la dejara tocarme, cuando me bañaba, pasaba una esponja, no soportaba su tacto, jamás lo soporté, el de nadie.
Una noche desperté de una terrible pesadilla y ella me abrazó con fuerza, grité y gemí con dolor y ella me soltó mirándome a los ojos. Me alejé de ella y ella se acercó a mi prometiendo no volver a hacerlo, pero extendiendo su dedo índice, me pidió el mío y noté que tocándola con mi dedo índice no estaba mal, no me dolía, asique siempre fue así con ella.
–Le pediré disculpas. –Suspiré ingresando en la casa, mi madre ingresó tras mío. –Ahora vengo cariño. –Dije a Marcos, este me miró con sorpresa, ¿por lo que le dije? ¡Que mierdas! Caminé hacia las escaleras y Natacha estaba al lado de la puerta de la habitación de Murray, golpeteando para ser abierta, Julián no estaba con ella.
–¡Oh vamos! –Peleaba con el picaporte.
–No quiero que me molestes. Ya no sé cómo tratar con ella, todo lo que hago le molesta… –Se quejó bastante enojado pegando contra algo fuerte y sólido. Sentí un nudo en la garganta y miré a Natacha quien me daba la espalda.
–Oh Murray, Vamos cariño sabes cómo es ella… –Dijo ella y el nudo se formó en mi garganta con más fuerza, ahora recuerdo porque jamás venía a la casa de mis padres. Natacha me miró con furia y se quejó. –¡No entiendo porque siempre es lo mismo contigo Victoria! –Se quejó viéndome llegar.
–Andate Natacha, necesito chalar con él. –Dije y esta no me discutió, pero sí me gané su peor mirada. Me sonreí acariciando su mano, ella apoyó la mía, pero no la dejé seguir por mi brazo. Dejó caer su mano y se encaminó hacia las escaleras.
Mis hermanos casi no saben sobre mi mierda de pasado y mi horroroso inicio en la vida. Y quiero que todo siga como está ahora. Para eso tendré que hablar con mi hermanito.
–¿Murray? –Llamé. Y este no hizo ni un solo sonido. –Ey niño, lo siento. ¿Me dejas pasar? –Nada. –Por favor pequeño… –Le pedí. Esperé… Uno, dos, tres minutos, nada… Suspiré en derrota y me encamine hacia las escaleras hasta que el picaporte sonó dando el fuerte click de la traba. Corrí hacia la puerta y el chico alto abrió la puerta dejándome ver esos hermosos y enormes ojos algo dañados.
–¿Qué necesitas Victoria? –Preguntó bastante frío, nada de Murray en eso.

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