sábado, 22 de noviembre de 2014

CAPÍTULO 20°

–No duele tanto ¿Ves? Sentí la pequeña y fina sensación de placer que te da… Además, deja la piel en un suave y bonito rosado que adoro... –La pequeña franjita blanca se convirtió en rosada y ella me miró ahora, bajé la mirada rápidamente y ella levantó mi mentón con la fusta. –¡Mirame! –Me llamó y así lo hice. –Asique, nivel tres… –Preguntó y dirigí la vista hacia el mostrador con látigos finos, con varas delgadas y uno bastante raro como con pelos largos y… eso.
Me puse rígido cuando, comenzó a recorrerme con la fusta. Me golpeó un muslo, gruñí.
–Deja de pensar tanto cariño, eso no te servirá de nada, aquí tienes que sentir y concentrarte en lo que digo… –Me aseguró. Se sonrió cuando extendí los ojos con sorpresa ¿Concentrarme y sentir? ¿Cómo se hace con todo esto a mí alrededor? La fusta golpeó duro en mi punta y grité.
–¡MIERDA! –Volvió a hacerlo. ¡Por dios! ¡No ahí!
–¡MODALES! –Me regañó y una vez más me golpeó.
–¡AGH! –Me quejé con molestia, era un dolor agudo. –Lo siento, lo siento. –Murmuré, se sintió una vez más contra mi vientre.
–¿LO SIENTES Y QUÉ? –Negué con frustración, no podía pesar mi consciente se estaba nublando, estaba frustrado. Me golpeó una vez más.
¡Por amor de Dios! –Jadeé.
–¡CONCÉNTRATE CARAJO! –¡Lo recordé mierda!
–Lo siento Mistress Victoria… –Murmuré. Ella asintió… ¡SI! ¡MIERDA SI! Dejé caer mi cabeza colgando hacia adelante exhausto.
–Oh pequeño Guerrero… Sos tan dulce, inteligente y terco… –Dijo con suavidad. Tomó ese pañuelo rojo que pegaba muy perfectamente con el tono rojo brillante con lo que llevaba puesto sobre su lindo cuello. –Te ayudaré a que aprendas a sentir nene, quedate quieto ¿sí? O tendré que castigarte… –Se quejó y cerré los ojos. Mierda ella obscureció mis ojos y no me deja ver nada. De pronto algo se presionó contra mi miembro.
–¿Te gusta mi trasero? ¿Es lindo verdad? –Asentí. Me azotó fuerte sobre el muslo izquierdo. –Concéntrate nene, concéntrate… –Decía en un gemido.
–Lo siento Mistress. –Murmuré y ella presionaba su gran y bonito trasero contra mi miembro. Mi respiración se agitaba cada vez más, Norah Jones cantaba sobre "Todo el amor" ¿AMOR? Que ironía... con su femenina y ronca voz se hacia escuchar. Victoria movía su trasero al compás bailando e imitando la voz, cosa que le salía bastante parecida…
–Love is a one thing, baby, that you won't find on the ground… –Cantó sobre mi oído. Oh si… Me mantuve quieto mientras ella pasaba sus brazos contra los míos, su cabello cosquilleaba mi rostro. Oh por dios…
–Victoria… –Murmuré y ella presionó con fuerza mi miembro. Sus suave y tierna piel… Cantó unas cuantas letras más y pasó la lengua por mi pecho, por mi garganta… –Please come one back this way… Come on back this way… –Gimió contra mi oído… Esa letra Victoria… ¿De qué mierdas hablas nena? Humedecí mis labios y ella volvió a frotarse contra mí. La canción comenzó nuevamente y parecía que la enloquecía. Sentí que se fue por unos momentos, pero cantó con fuerza y la oí cerca…
Cuando volvió la acompañaba un zumbido y dejé de respirar en un momento. Sentí como algo vibrante presionaba en mi pecho.
–Ah… –Gemí y ella presionó sus dedos sobre mis labios.
–Shhh… Silencio, sentí el seductor sonido de la música, esto es una linda varita que no va a hacerte nada malo. –Me convenció y volvió a acercarla hacia mí, esta vez pasó por mi entrepierna y ella seguía bailando y cantando, la canción sonaba, ella molestaba en los sectores más sensibles de mi cuerpo con la varita vibrante. Mi orgasmo se allegaba con fuerza cuando la varita se concentró en mi miembro y no se alejó.
–Mmm… –Me quejé y me azotó. –Lo siento Mistress. –Murmuré y ella volvió a azotarme en el miembro. Grité.
–¡ESO! ¡QUIERO ESCUCHARTE GUERRERO! –Me pidió mientras seguía frotando su gran y bonito trasero, la varita vibrante…
–Si Mistress Victoria. –Dije bastante alto. Ella alejó la varita, me golpeó una vez más y gimotee con dolor. Ella volvió a bailar contra mío y jugueteaba contra mi pene con su lindo, lindo, hermoso trasero. –Por dios… –Me quejé y ella me azotó. Acabé al fin y ella se alejó. Varias cosas se estrellaron contra el piso y sentí como suave y resbaloso se deslizaba por mi longitud. Limpiándome. Era su boca, presionó y succionó, una… Presionó y succionó más duro, dos… Presionó profundo, succionó duro y dejó pasar los dientes, tres… Mordió con fuerza, presionó profundo, succionó duro y dejó pasar los dientes, Se… Me volví a derramar y sentí que me rozaba contra algo, humedeciendo, lubricando… ¡DIOS SANTO!
–Vamos a ver qué tan bueno eres… Muévete, duro. Fuerte, Rápido… –Se enterró contra de mí y sé muy bien que es su lindo, lindo trasero. –Ah. –Se quejó agudo y largo… Respiré y me movía, suave despacio. –¡Rápido! –Llorisqueó azotando mi muslo con la mano. Me moví duro, fuerte, rápido con necesidad. Ella presionó en junto conmigo y gritó en su liberación, me allegué después de tres embestidas a su orgasmo.
–Si Dios… –Respiró y acarició mis piernas y se salió de adentro mío y gruñí molesto. No te vayas nena…
Se agachó tomando mi tobillo derecho, seguido por el izquierdo. Luego liberó mis muñecas y me caí hacia delante. Ella me sostuvo.
–¿Intenso no? –Asentí. Me quejé y recordé.
–Si Mistress Victoria… –Arrastré las letras y ella rió. Pasó mi brazo sobre su hombro y caminamos hacia la cama, me recosté sobre ella, cerrando mis ojos, gimoteando por mi trasero adolorido. La canción se alejaba y terminaba al fin. No vuelve a repetirse.
 –Levantate cariño, si vas a dormir vamos hacia la habitación. –Suspiré quejándome y me levanté. Ella deslizó la manga de la bata sobre mi brazo y luego sobre el otro. Realizó un rápido nudo y me dirigió hacia la puerta.
El pasillo estaba obscuro y la puerta se acercaba a nosotros. Llegamos a la habitación blanca que ella mencionó seria mi habitación y caí rendido a ella. Sentí su mano pasar por mi cabello y cerré los ojos, Adiós mundo, adiós…
~~~

*Victoria*

CONTINUARÁ...

viernes, 21 de noviembre de 2014

Capítulo 19° (3/3)

Continuación:

*Marcos*
Victoria se veía tensa, enojada. Oh mierda ella va a azotarme. Lo noté cuando presionó mi miembro bajo la mesa. ¡Mierda! Estoy muerto. Luego de haber saludado a la familia, me observó y se fue primero junto con Roberto, diciendo que lo enviaría por mí después de dejarla.
Acá estoy, esperando, hace media hora. OH Mierda… Que espantoso. Quizá pudiera irme a Cancún y no volver, abandonar todo. ¡Llama un taxi vete ya antes de que sea tarde! Me suplicaba mi subconsciente de rodillas. Negué ¡NO SOY NINGÚN COBARDE! Voy a enfrentar a esa mujer, pasaré la noche con ella y… Luego veo si me voy a Cancún o no.
Roberto se estacionó frente a mí y bajó a abrirme la puerta.
–Sr. Guerrero. –Me asintió. Lo observé y respondí subiendo al auto.
~~~

–¡Victoria llegué! –Nadie respondía, todo estaba obscuro y calmado en la sala del departamento, como si no hubiera nadie. Fue entonces cuando me acerqué a Roberto, pero él ya no estaba parado al lado de la puerta, ¿dónde mierda se fue? ¿Y cuándo? En fin, siempre tan callado el condenado.
Caminé hasta la habitación y esta estaba iluminada con la lámpara tenue sobre la mesita de noche de Victoria. Una nota en hoja blanca brillaba, letras hermosas, redondeadas era típico de la niña hermosa del salón. Es hermosa hasta en su manera de expresarse ¡¡Que mujer!!
Tomé la nota entre mis manos para leer lo que decía.
“Marcos:
 Te espero en el cuarto de juegos en diez minutos, desnudo, y arrodillado junto a la puerta.
Recuerda las reglas cariño. No mirarme, ni hablarme hasta que te dé permiso o sufrirás las consecuencias, y no puedes dirigirte a mí más que por Mistress Victoria.
No lo dudes, confía en mi Marcos y tendrás tu recompensa…
¡Que comience el juego!”
Retuve mi respiración unos segundos, mientras procesaba la información ¡Mierda! ¿Comenzar? ¿Realmente quiero comenzar?
Me desvestí rápidamente. Sin duda no lo tenía que pensar, tenía demasiadas ganas de probar su manera de Jugar como ella lo llama. Millones de sensaciones me recorren el cuerpo, entre ellas la adrenalina.
¡Maldita sea no soy masoquista! Y menos puedo ser sumiso, amo ser el que domina ¡Dios soy el Hombre! Deberíamos tratar de ponernos de acuerdo, pero hoy la complaceré para ver que es capaz de hacer conmigo.
Llegué a la habitación, doblé la manija e ingresé. Es tal cual como lo recordaba, el aroma dulce a mujer, y la mierda alrededor de toda la habitación.
Como todo hombre jamás  le tuve miedo a algo o alguien y definitivamente este no es el caso, pero que me pone nervioso y tengo la famosa gota gorda asomada en la frente, ¡la tengo!
Estaba muy incómodo con la maldita regla de estar desnudo y postrado al lado de la puerta de la sala. Eso sonaba excitante sí, pero también raro y vergonzoso. Igual lo hice.
Cuando sentía que pasaban los segundos, los minutos, varios minutos. Sentí un sonido… ¿Tacos?
No la mires, no la mires… Me decía una y otra vez recordándome que me castigaría si lo hacía. Finalmente no pude negarme a subir la vista cuando un par de bota rojas charoladas estaban frente mío, seguidos por las despampanantes piernas pálidas de ella. Llevaba un conjunto de ropa interior rojo furia incluyendo un maldito liguero que estaba sin sostener medias.
Mi pene ya erecto comenzaba a despertar entre mis piernas presionando mi vientre y finalmente llegué a ella y su rostro. Ella estaba mirándome firmemente a los ojos llevaba una fusta en la mano derecha y la agitaba sobre la izquierda mirando mis ojos que se encontraba con los de ella. Traía su cabello rubio platinado todo voluminoso en bucles que caían sobre sus pechos perfectamente tapados con un corsé rojo que le llegaba encima del ombligo sin taparlo. Sus labios carnosos delineados con un rojo sangre bien obscuro y esbozando una media sonrisa, me azotó el trasero con la fusta.
–¿Yo te di permiso para que me miraras? –Reaccionó. Yo le negué y volvió a azotarme. Gemí. –¡RESPÓNDEME! –Me impuso.
–No –Le murmuré y volvió a golpearme ¡Maldición DUELE!
–¿NO QUE, GUERRERO? –Me preguntó. ¡Lo olvidé otra vez carajo!
–No Mistress Victoria. –Se agachó y tomó mi barbilla, bajé la vista.
–¡Mírame! –La miré y sus ojos brillaba con satisfacción. –No te imaginas lo hermoso que te ves así Marcos. –Me sonrió y alzó su cuerpo para seguir imponiéndome.
–¡Párate! –Impuso sentándose sobre la cama. La observé y me paré. –Recuesta tu lindo pecho contra la cama y dejando tu lindo trasero sobre mis piernas ¡AHORA! –Así hice y ella tenía una linda vista a mi estúpido trasero. Me removí. –¡Quieto Guerrero! ¿Sabes porque hago esto verdad? –Preguntó, asentí. –¡RESPONDE! –Azotó mi pierna y respondí duro.
–Si Mistress Victoria. –Ella asintió y yo acariciaba mi mejilla en la suave tela de seda sobre la cama.
–Voy a azotarte Marcos, y contaras. Con fuerza. ¿Entendido? –Preguntó.
–Si Mistress Victoria. –Ella asintió orgullosa. Pasó la mano por espalda y poco a poco fue bajando… Su suave mano llegó a mi trasero y acarició su punto.
–Bien Marcos… Te diré porque serás castigado. Uno: Por beber alcohol cuando no estás conmigo. –Azotó con fuerza. Grité. ¿Cómo mierdas sabe? –¡CUENTA! –Se quejó.
–Uno. –Chillé. Ella volvió a acariciarme.
–Dos: Por haberme ocultado que mi hermana sería desposada… –Se sonrió con malicia y soltó su mano sobre mí.
Dios… –Ella no notó que no dije “dos”, me removí. Me enderezó y me acarició una vez más... ¡Cuánto que hice! ¡MALDICIÓN!
–Tres: Por haberme mentido cuando pregunté si Julián tramaba algo… –Se quejó. Y soltó su mano en mi trasero.
–¡TRES! –Grité. Ella ronroneó pensativa acariciando mi trasero.
–Cuatro: Por haberme contado luego de tres horas de saberlo, que planeabas ir a Cancún. –Levantó la mano y una vez más.
–Cuatro… –Murmuré con frustración y ya no sentía lo que sucedía, solo sentía cuando impactaba y cuando acariciaba.
–Cinco: Por hacerte el gracioso conmigo frente al ventanal de la casa de mis padres. –Se quejó y ¡zas! Me azotó con fuerza una vez más.
–Cinco. –Susurré. Cerré los ojos y me dejé ir. Me sentía molesto, duro y sin compasión alguna… Ella paseó la fusta por mi espalda y la presionó contra mi pierna. –¡Arriba Guerrero! Suficiente por hoy… –Informó y me levanté de encima de sus piernas. Me paré sobre mis pies y me sentía exhausto.
–¡Sígueme, de rodillas! –Así hice, mis rodillas se molestaron contra la madera oscura del suelo. Mi trasero chillaba ardiente y rosado de seguro. No puedo razonar a nada… Estoy perdido…
Ella caminaba a paso firme y seguro y yo la seguía arrastrando mis rodillas, como un animal… Hice una mueca de desagrado. Posando la fusta en mi hombro, la paseó por mi cuello y paró bajo mi mentón.
–¡Arriba Guerrero! –Ordenó y me paré, miré hacia abajo e hice cara de dolor a mis rodillas. –Ya te acostumbrarás… –Aseguró. Me presionó sobre la equis de madera y gemí con dolor cuando la dura textura rosó mi trasero adolorido.
Tomó la fusta, y la sostuvo con sus dientes mientras acariciaba una de mis muñecas, la atajó bien fuerte con unas esposas. Luego se agachó y tomó el tobillo del otro extremo de mi cuerpo y también lo ató. Igual hizo con mi otra muñeca y tobillo, las acariciaba y las ataba con fuerza, pero no tanto como para no soportarlo.
Finalmente tomó la fusta y la pasó con la lengua, desde la base hasta la punta para que yo lo viera.
Pasó la fusta por mi pecho y la hizo sonar en un fuerte azote sobre su muslo derecho… ¿O izquierdo? Ni siquiera se inquietó con su autogolpe. Jadee de sorpresa.
–No duele tanto ¿Ves? Sentí la pequeña y fina sensación de placer que te da… Además, deja la piel en un suave y bonito rosado que adoro... –La pequeña franjita blanca se convirtió en rosada y ella me miró ahora, bajé la mirada rápidamente y ella levantó mi mentón con la fusta.

CONTINUARÁ...

Capítulo 18° (2/3)

Continuación:

–¿Qué necesitas Victoria? –Preguntó bastante frío, nada de Murray en eso. Titubeé con miedo y lo miré me acerque a él y tomé una de sus manos.
–Lo lamento Mury, no quería molestarte. Debes entender que tocarme es… Para mí es como que me estes cubriendo el cuerpo con ácido. Por favor prométeme no volver a hacerlo y todo estará bien cariño… –El chico extendió los ojos ante mis palabras razonándolas, sin entender…
–¿Y porque es así Victoria…? ¿Acaso te han violado alguna vez? ¡Dime quien y lo buscaré lo mataré lo juro! –Sus ojos se extendieron, ahora con furia, con rencor. Negué. Si hubiese sido por lo menos eso pequeño, cerré los ojos negando. ¡Algo mucho peor! –¿Entonces que hermana? ¿Por qué todo es así? ¿Por qué solo rechazas mis abrazos como si fueran mierda y dices que los sientes como acido en la piel? ¿EH? ¿Porque? –Mis ojos se abrillantaron, prometí que jamás en mi vida volvería a llorar, no puedo empezar hoy. Esa sensación dura y molesta en mi garganta presionando y presionando. Los pinchacitos en mis ojos. Negué con frustración.
–No puedo Mury, no puedes saber porque, pero no ha sido eso. Quedate tranquilo que eso no fue. –Este negó, sus ojos celestes se aguaron. ¡Oh por dios! –No lo hagas… –Murmuré y ya sentí mi voz descompuesta.
–Victoria… –Me suplicó y negué con fuerza. No me obligues por favor… –Por favor… –Me volvió a pedir y negué nuevamente.
–No puedo, no puedo, no puedo, no puedo… –Dije varias veces. Mis ojos se contuvieron e idealicé un plan para tranquilizarlo. –¿Puedes hacer algo que te pida? –Acaricié su mejilla con tal suavidad que a mí sorprendió. Este me analizó y luego asintió posando su mano sobre la mía.  –Necesito que hagas lo que digo y no te muevas. –Este asintió. –Cierra los ojos Mury. –Me miró una última vez en los ojos y yo cerré los míos incentivándolo. Así hizo y observé su rostro relajado y joven. Mi pequeñito. –Ahora tomate las manos por la espalda y no las sueltes, o puedo llegar a morirme. ¿Puedes prometer que no te soltaras? –Asintió. –Respóndeme. –Le pedí.
–No voy a soltarme, lo prometo. –Tomó sus manos por detrás de la espalda. Lo miré con ternura... ¡Se claro…! ¡CAYATE! Y lo rodeé con mis brazos, apegué mi pecho al suyo y posé mi mejilla en su pecho. –Oh yo también te quiero mucho hermanita… –Aseguró y sentí como se pinchaban mis ojos una vez más. Me contuve…
–Por favor no lo intentes más… No puedo soportarlo. –Le pedí y este asintió.
–Lo prometo linda, lo prometo. –Dijo este dejándose ir con sus lágrimas. Oh él es tan libre y tranquilo. Me alejé de él y lo miré. –No lloraste por mí… –Negué sonriendo. –Nunca lloras… –Negué una vez más. –¿Puedes abrazarme así una vez más? Por favor… –Me pidió aún con sus manos sostenidas. Asentí sonriendo.
–Claro que sí. Puedo prometerte que cuando quieras darme uno solo me lo digas y yo te abrazaré. –Me sonrió con sorpresa.
–¿Eso es enserio Victoria? –Asentí con la misma sonrisa y al fin estuvimos de acuerdo en algo. Me miró de reojo mientras tomaba de él una vez más. Se escuchó un coro de jadeos detrás de nosotros. –¡Oh mierda! –Suspiré con fuerza y sé que mi familia está mirándonos.
–Victoria… –Murmuró mi madre y luego de eso me alejé de este.
Murray acarició mi mano para ingresar en la habitación sin darle mucha importancia a mi madre, a mi padre y a Natacha quienes miraban con sorpresa. Mi madre volvió a llorisquear.
–¡Oh no, no vuelvas a llorar mamá! –Le pedí caminando hacia ella. Ella negó muy sorprendida y Natacha se sonrió con los ojos cristalinos también. Mi garganta se reanuda una vez más… ¿Qué les sucede hoy? ¿Todos están complotados a querer hacerme llorar?
–Victoria ¿Acabas de abrazar a tu hermano? –Me sonreí y asentí afirmando.
–Oh estamos muy orgullosos de ti cariño… –Dijo mi padre bastante conmovido, y puedo decir que hasta sus ojos brillan tomando mi mano y sonriendo con gracia.
–¿Podemos cenar ya? –Pedí y ellos me asintieron con gusto y felicidad... Siento como algo por dentro golpea y golpea con fuerza y se siente muy bien… ¡Es tu corazón tonta! ¡Oh! ¿Tengo de eso?
Me sorprendí caminando hacia abajo por las escaleras, mi mano temblaba hasta que la sentí aferrada a la de mi hermana. Sonreí hacia ella quien me miraba con dulzura, oh pequeña Natacha…
–¿Esta todo en orden mi amor? –Preguntó Julián allegándose a Natacha y le pedí mi mano. Ella me soltó y se abrazó a su novio.
–Si todo está bien mi amor. –Dijo ella bastante serena. No sabía que haciendo esto mi familia se comportaría mejor e incluso se verían felices.
Miré a mí alrededor pero Marcos no estaba. Quizá se fue, ¿Quién querría esperar por una loca que no deja que su propio hermano la abrace? Negué suspirando con angustia. Realmente quería que se quede.
Lo busqué con la mirada hacia el living y me cosquilleó la oreja.
–Él se fue hacia el ventanal del living… –Murmuró la fina voz de mi hermana. Asentí y caminé hacia allí.
Al ingresar al living, Marcos tenía el borde de la cortina larga hasta el piso y miraba hacia afuera. Acaricié sus hombros y este suspiró.
–Hola cariño… –Dijo sonriéndose con gracia. –Se lo debía. –Dijo bastante gracioso. Me acerqué a su oreja.
–No juegue conmigo Sr. Guerrero, o sabrá lo que es bueno… –Este se puso tenso y yo tiré del lóbulo de su oreja, respiró con fuerza.
–Oh, entiendo… –Murmuró.
–Ahora entendes. Perfecto. –Murmuré junto a él. –¿Vamos cariño? –Asintió. –Respóndeme.
–Si cariño… –Me sonreí, es tan travieso. Se dio media vuelta y tomé su mano junto con la mía. Sus obscuros ojos me hacían nadar en las profundidades de un mar de chocolate. Me sonreí más ensanchadamente.
~~~
Luego de la cena, Marcos cerró el tema del futbol en la charla junto a mi padre, mi hermano y Julián. Ambos pares de ellos estaban en desacuerdo… Mi padre y mi hermano son de River, mientras que Marcos y Julián son de Boca. Todo estaba en contra por empate. Negué con frustración y mi madre me preguntó sobre mi trabajo.
–Oh sí. Aquello va perfecto como siempre mamá, no te preocupes por eso. –Ella se ruborizó negando.
–Solo quería armar un tema de conversación contigo, no es que me interese saber de tu vida personal hija. –Asentí, estoy tan distraída...
–Lo lamento, no quería ofenderte. –Mi madre negó.
–No lo hiciste querida, no lo hiciste. –Me aseguró con una sonrisa y asentí.
–¿Cómo fue el viaje en Francia, Murray? –Pregunté y este rió.
–Bien, perfecto. Estuvo increíble. Las francesas son una cosa preciosa. La torre Eiffel, el Arco del Triunfo, es todo muy bonito sí. –Sonrió probando bocado. Lo miré y este sonrió.

–¿Y el idioma? ¿Aprendiste al fin? –Asintió.
–Si sœur, parfait. – (“Si señorita, perfecto”) Aseguró en un acento extraordinario. Natacha aplaudió y asentí con una sonrisa.
–¿Fuiste a Paris mi amor? –Preguntó Natacha hacia Julián. Este asintió tragando.
–Sí, sí. Viví un año allá, mis padres decidieron vivir un año en cada país de Europa, viví en España, en Holanda, en Inglaterra, en Francia, y varios países más hasta quedar finalmente en Italia es en donde mi padre falleció. –Terminó. Todos los observamos y la mesa quedó en silencio unos momentos.
–¿Y tú Marcos? ¿Viajes? –Preguntó Natacha, la miré en regaño, ella sonrió. Marcos negó.
–Jamás eh salido del país… –Aseguró pensativo. Lo observé. Mjm… Mostrarle el mundo a Marcos, eso sería divertido. –Pero mi madre me ha invitado a su casamiento el próximo sábado en Cancún, México. Es en donde vive actualmente, con su actual prometido. –Ronroneó y me atraganté. ¿SE VA? ¿El próximo sábado? ¡ES EN TRES DÍAS! Mi hermana me miró con sorpresa.
–¿Estas bien Victoria? –Se sonrió algo divertida. Miré a Marcos con enojo.
–¿Cancún? ¿Este sábado? –Asintió con algo de tensión, su ceño fruncido profundamente procesando el mismo lo que acababa de decir…
–Marcos realmente se merece vacaciones Victoria. Hace tres años que no para ni un solo segundo. –¿Qué carajo? ¿Qué mierdas te metes Giménez? Lo fulminé con la mirada, pero este no la bajó. ¡Oh! ¡Me desafía!
–Por supuesto, es un ser libre de hacer lo que desee... –Pasé una mano sobre su muslo y me miró con los ojos grandes.
–Victoria… –Ronroneó cuando llegué a su debilidad.
–No sabes lo molesta que estoy contigo ahora ¿Por qué no me dijiste eso? –Pregunté cerca de él solo a su alcance auditivo. ¡Mierda! ¡Mira como me vengo a enterar! Presioné su miembro y gimió.
–Me enteré esta tarde cariño, lo siento. –Lo solté.
–¿Y tú quieres irte? –Marcos miró hacia un costado.
–Se casa mi madre, hace cuatro años no veo a mi madre nena… –Acaricié su mano y negué con frustración. Es su madre…
–Esta noche comenzamos a jugar Guerrero… –El asintió y tragó. –Si deseas irte, puedes hacerlo luego de esta noche. –Este negó.
–Debo hacerlo aunque no quiera Victoria, mi madre viene este jueves dispuesta a llévame a rastras de la orejas. No conoces a mi madre… –Levanté una ceja ¿Y quién es peor que yo Marcos? Asentí y lo dejé seguir comiendo, oh esto va a costarte caro Guerrero…
–Bueno, necesito su atención familia Bandi. Tengo algo que pedir e informar, tanto a mi novia como a su familia. –Jadee y Marcos presionó mi mano. Lo mire con sorpresa cuando este se sonrió con felicidad. ¡Oh no es cierto! ¡Sí lo es!
Julián se levantó haciendo a un lado la silla, se arrodilló frente a Natacha. Mi madre jadeó, mi padre sonrió y Murray rodó los ojos mientras yo mantenía mi boca abierta ante que él esté haciendo esto y saber que ¡Marcos lo sabía! Me encabrona peor.
–Preciosa, hermosa, reina, mi amor… Natacha Bandi, ¿me haces el honor de compartir tu vida junto a mí? –Preguntó este y ella jadeó al ver el anillo tan bonito y sencillo. Oh me hubiera avisado y comprábamos uno más caro… negué con la cabeza ¡No importa lo material en el amor Bandi! Oh, claro, lo siento ¿Qué iba a saber yo de amor?
–Oh Julián… –Llorisqueó Natacha con sorpresa.
–¿Eh? ¿Qué dices mi amor? –Este la miró expectante como la mesa entera y esta asintió para el deleite de todos… Para mí es muy joven. Pero ella me contradijo aún sin saber lo que, para mí sería lo mejor…
–¡Si mi amor! ¡Por supuesto que sí! –Chillo sonriente mientras lágrimas empapaban sus mejillas, al igual que las de mi madre y yo sonreía ¡Por lo menos ella es feliz, no como tú! Gemí en disgusto con mis pensamientos. ¡NO FUNCIONO ASÍ!
Julián pasó el anillo sobre el dedo anular de mi hermana y se besaron apasionados frente a la mesa. Rodé los ojos y Marcos se sonrió.
–Lo sabias… –Murmuré, este se puso rígido y serio asintiendo. –Marcos Guerrero… –Murmuré con disgusto y me acerqué a saludarlos. Oh Marcos Guerrero… ¡Esta es tu noche!
*Marcos*

Capítulo 17° (1/3)

Abro la puerta para Victoria y ella ingresa con gracia y delicadeza. Rodeo el auto e ingreso a su lado.
~~~
La mansión Bandi es una hermosa casa aislada en el barrio de Martínez, nos tomó un tiempo llegar. Los portones negros se abren y Victoria toma de mí para sonreírme, acción que devuelvo. Sigo observando hacia afuera por la ventanilla y seguimos un camino de piedritas claras que rasquetean las llantas del auto. Cuando llegamos a la entrada una enorme puerta sólida de robles barnizada perfectamente con una perilla dorada se asoma por mis ojos. La casa parece llevar un color crema, es difícil distinguirlo bajo la luz de la luna. Flores lilas descansan a cada costado de la entrada, o eso pude ver.
Caminamos hacia la entrada y el padre de Victoria pasaba el brazo por los hombros de una mujer de estatura baja con el cabello de un ceniza muy a tono con su piel y grandes ojos celestes; ambos estaban parados al lado de la gran puerta. Victoria suspiró nerviosamente y presionó mi mano sonriendo. Acaricié la misma con mi pulgar y sonreí hacia adelante.
–Marcos, un placer volver a verte. –Aseguró un Octavio ahora relajado extendiendo la mano hacia mí. Agité su mano con la mía y este saludó a su hija con un beso en la mejilla, hasta ahora nadie la toca. La mujer a su lado sonrió mirando a su marido y Victoria explicó:
–Marcos, ella es mi madre la Dra. Elena Ferri Bandi. –Aseguró. Sonreí hacia la mujer quien se acercaba hacia mí y acunaba mis mejillas dando un beso en cada una.
–Un placer querido. –Afirmó cálidamente. Asentí.
–El placer es mío Dra. Bandi –Ella sonrió y agitó su mano hacia la entrada.
–Gracias Marcos, Elena si gustas. Pasen por favor. –Dijo amablemente. Asentí con gusto, mejor si no tenía que ser tan formal.
Nos dirigimos hacia una especie de living, no especie, es living. Había una gran chimenea que por supuesto estaba apagada con la cálida noche que había hoy. Se acercaban las fiestas en Bs. As. Había un futón enorme en el centro del ambiente y había varios sillones que hacían juego con ese que era el mueble principal.
Natacha y Julián estaban complaciéndose con un profundo beso, este tenía recostada a la chica en el sillón. Victoria miró para un costado algo ¿Avergonzada? ¡No lo creo viejo! ¿Ella avergonzada luego de saber todo lo que sabe y hacer todo lo que hace?
¡Natacha, Julián por favor compórtense! –Dijo la señora Elena en un perfecto… ¿Francés? Y Julián separó a su, dentro de poco, prometida repentinamente con una sonrisa. Me sonreí mirando hacia un costado y Victoria presionó mi mano, la miré me hizo una mirada fría y me puse serio. Dios esa mirada…
–Ah Victoria… –Dijo la morena sonriéndose con tranquilidad.
–Sí, yo. –Respondió esta con la voz seria y clara.
–Disculpen. –Dijo Julián y reí. Victoria agitó mi mano. –Que hay Marcos ¿Bien? –Asentí.
–¿Se conocen? –Se unió Octavio preguntando.
–Por supuesto, Marcos es mi mejor amigo, casi que somos hermanos. –La señora Elena jadeó con sorpresa, Natacha asintió con gusto y Victoria  levantó una ceja ante la alegría de su madre.
–¡Oh que sorpresa tan agradable! –Festejó con una enorme sonrisa.
–Nosotros no teníamos ni idea que ambos se conocían… –Confesó Octavio y sentí la mirada cómplice del chico detrás de Victoria. Su cabello rojizo, su sonrisa radiante y joven. Sus ojos azules su altura estupenda.
–Igual, convengamos que si era por Vic nadie iba a saber nada… –Natacha estalló en una carcajada obvia. Victoria respiró profundo poniendo los ojos en blanco y sé que es un acto de autocontrol, se está controlando para no mandarla a la mierda.
De pronto ella salta tensamente y presiona mi mano al darse la vuelta.
–¡Demonios! –Chilló esta y Murray, su hermano rió con gracia. Negué cuando ella trataba de contener su susto y su furia.
–Hola preciosa. –Susurró y salió corriendo tras sus padres. Poco adulto, seductor y maduro como siempre suele ser.
–¡Murray! –Lo retó su madre con enojo.
–Es solo un chiste. –Frunció el entrecejo al notar el enojo de su madre, Natacha negó con una sonrisa y su padre lo miró igual que él lo hacía.
–Un chiste que puede costarte el próximo mes de tu Universidad en Londres. –Se limitó a decir su hermana mayor. Esta pasó su mirada por su madre y su padre, luego a su hermana quien miraba boquiabierta todo igual que Murray, Julián y yo. Jamás la había visto tan furiosa.
–Lo-lo-lo siento Vi-Victoria, no-no quería i-incomodarte. –Dijo el chico algo nervioso.
–Si no queres incomodarme mantén esas torpes manos tuyas lejos. Y todo estará perfecto. –Volvió a decir firme y claro para que todos entendieran. Elena miró hacia un costado con desconformidad y caminó hacia la puerta algo incómoda, noté sus ojos brillantes. Octavio fue tras su esposa.
Murray asintió y salió con el ceño fruncido de la habitación. Natacha salió tras él, Julián se encaminó hacia el mismo lugar y Victoria volvió a tomar su cartera.
–Nos vamos. Bueno, si quieres quedarte puedes, yo ya no puedo quedarme. –Habló nuevamente y caminó delante de mí. Volví de mi trance y camine tomando su mano, ya que otra cosa no sé si lo tolerará.
–Victoria… –Murmuré y ella se dio media vuelta a verme. –Podrías comunicarte con tu madre y pedirle bien a tu hermano, quizá explicarle porque no puede tocarte, tal vez…
–¡NO! –Terminó claramente y caminó hacia la puerta. Caminé tras ella viendo la casa por última vez. Victoria estaba por cruzar la puerta cuando obtuvo un llamado tras ella.
–¡Victoria! –Llamó una voz femenina. Ella no se dio vuelta. – ¡Hija! –Llamó la voz nuevamente y a eso ella si respondió parando y dándose media vuelta.
–¿Mamá? –Preguntó Victoria y su madre caminó hacia ella. La expresión de Victoria era de dolor, de angustia, de molestia. –¿Podemos hablar querida? –Ella dudó por un momento cuando me miró, asentí y luego de volver a mirar a su madre reflejó mi acción anterior. –Marcos ¿Puedes dejarme a solas con mi hija? –Preguntó la mujer amablemente. Miré a Victoria y ella deslizó una mano hacia la casa. Caminé hacia adentro dejando a una Victoria algo débil y a una madre preocupada.
*Victoria*
¡Mi tonto hermano! Suspiré con fuerza y observé la mirada preocupada de mi madre.
–Discúlpame por haber abandonado así el salón, lo lamento hija, no te vayas por favor… –Me suplicó y negué con molestia.
–No puedo quedarme. El ambiente se echó a perder, debes ponerle límites a ese niño. –Ella asintió sonriendo. –Encima te reís… –Me quejé ¿Qué es lo gracioso?
–Me río porque me agrada de que estes acá con un hombre… Con un hombre tan agradable y guapo como el que te está esperando dentro de la casa. –Sonreí ocultamente y ella lo notó. –Sonreíste… –Negué. –No me mientas, soy tu madre… Puedo quizá conocer algo sobre vos… –Me sonreí mirándola y asentí. Acercó su dedo índice hacia mí y presioné el mío contra el suyo. Esa, la única manera de comunicarnos piel con piel… Madre e hija comunicadas a un dedo índice… ¿Irónico o Inhumano? ¡Ambos Bandi!  –¿Me acompañas adentro…? –Jamás soy de tantas palabras con mi madre, ella con una sonrisa siempre logró todo conmigo. Todo excepto tocarme, tanto como siempre lo deseó.
Cuando era pequeña, ella detestaba que no la dejara tocarme, cuando me bañaba, pasaba una esponja, no soportaba su tacto, jamás lo soporté, el de nadie.
Una noche desperté de una terrible pesadilla y ella me abrazó con fuerza, grité y gemí con dolor y ella me soltó mirándome a los ojos. Me alejé de ella y ella se acercó a mi prometiendo no volver a hacerlo, pero extendiendo su dedo índice, me pidió el mío y noté que tocándola con mi dedo índice no estaba mal, no me dolía, asique siempre fue así con ella.
–Le pediré disculpas. –Suspiré ingresando en la casa, mi madre ingresó tras mío. –Ahora vengo cariño. –Dije a Marcos, este me miró con sorpresa, ¿por lo que le dije? ¡Que mierdas! Caminé hacia las escaleras y Natacha estaba al lado de la puerta de la habitación de Murray, golpeteando para ser abierta, Julián no estaba con ella.
–¡Oh vamos! –Peleaba con el picaporte.
–No quiero que me molestes. Ya no sé cómo tratar con ella, todo lo que hago le molesta… –Se quejó bastante enojado pegando contra algo fuerte y sólido. Sentí un nudo en la garganta y miré a Natacha quien me daba la espalda.
–Oh Murray, Vamos cariño sabes cómo es ella… –Dijo ella y el nudo se formó en mi garganta con más fuerza, ahora recuerdo porque jamás venía a la casa de mis padres. Natacha me miró con furia y se quejó. –¡No entiendo porque siempre es lo mismo contigo Victoria! –Se quejó viéndome llegar.
–Andate Natacha, necesito chalar con él. –Dije y esta no me discutió, pero sí me gané su peor mirada. Me sonreí acariciando su mano, ella apoyó la mía, pero no la dejé seguir por mi brazo. Dejó caer su mano y se encaminó hacia las escaleras.
Mis hermanos casi no saben sobre mi mierda de pasado y mi horroroso inicio en la vida. Y quiero que todo siga como está ahora. Para eso tendré que hablar con mi hermanito.
–¿Murray? –Llamé. Y este no hizo ni un solo sonido. –Ey niño, lo siento. ¿Me dejas pasar? –Nada. –Por favor pequeño… –Le pedí. Esperé… Uno, dos, tres minutos, nada… Suspiré en derrota y me encamine hacia las escaleras hasta que el picaporte sonó dando el fuerte click de la traba. Corrí hacia la puerta y el chico alto abrió la puerta dejándome ver esos hermosos y enormes ojos algo dañados.
–¿Qué necesitas Victoria? –Preguntó bastante frío, nada de Murray en eso.