Anteriormente:
“Sino
tendrás problemas…” ¡Puto contrato! Corrí hacia el armario y
encontré mis pantalones de vestir. No llevaba boxers, qué más da… Me calcé la
camisa y me puse los zapatos.
Cinco minutos después yo y mi cabello rebelde estábamos
parados por la entrada de la sala…
Continuación:
–Tranquilo papá… Tengo MI trabajo bajo control. –Se quejó
viendo como su padre caminaba de un lado al otro.
–No es eso hija, el problema es que estas dispersa, no
para mal, me agrada bastante que no estes encerrada como un vampiro Victoria. –El
hombre ligeramente canoso con la altura perfecta, bastante atractivo, refinado
y muy masculino pasó una mano por su cabello, he visto esa misma actitud en
Victoria varias veces, parece como de inquietud. –Pero no falles justo con mis
conocid… –Interrumpió con molestia.
–¿Fallar? ¿Victoria Bandi fallar? ¿Vos me estás hablando
en serio? –Su padre miró hacia un costado. Victoria pasó su mano sobre el
cabello justo como él había hecho hacia unos segundos atrás. El negó y Victoria
notó mi presencia.
–Lo siento princesa, fue una mala expresión… –Negó
arrepentido una vez más. Es bastante cálido con ella. ¿El padre adoptivo lo recuerdas? ¡Mierda… Cierto!
–Marcoss… –Murmuró y el hombre buscó con la mirada al
dueño de aquel nombre. Victoria miró a su padre quien ahora posaba los ojos en
mí analizándome.
–Lo… Lo siento hija no sabía que estabas acompañada… –Victoria
movió unos dedos y me acerqué.
–No hay problema. Los presento, Marcos Guerrero. Él es el
Dr. Octavio Bandi, mi… padre. –Dijo suspirando al final. Octavio Bandi era muy
elegante. Con su ropa actual, los ojos de un color turquesa fuerte y la sonrisa
brillante. Extendió la mano hacia mí, quien sonreía agradablemente nervioso.
¡Si estoy nervioso!
–Un gusto Guerrero, un placer. –Muy amistoso me presionó
la mano cuando la acerqué y Victoria miraba todo con expresión de diversión.
–El placer es mío Dr. Bandi. –Respondí tímidamente.
Victoria tomó mi mano al ver que su padre la soltó.
–Por favor Marcos, llámame Octavio. –Aseguró con una
sonrisa y asintió.
–Está bien Octavio. –Respondí igual y el hombre miró a su
hija.
–Bueno princesa, lamento haber interrumpido tu intimidad,
am… No molestaré solo me equivoqué. Sabes que me molesta que quedes mal… –Ella
asintió.
–Esa reunión estaba controlada por mi mano derecha Papá.
Lorenzo tiene todo bajo control, no te preocupes. –El hizo una mueca y luego
sonrió.
–Está bien, tienes razón. No debí haberme metido en tus
cosas. –Miró hacia mí, a nuestras manos y luego
su hija quien asentía. –Bueno, me retiro. –Caminó acercándose a su hija
y le ofreció la mejilla.
–Adiós papá. –Dijo ella presionando sus labios en la
mejilla del hombre y luego extendió una mano frente a mí.
–Adiós Marcos, un gusto. –Estreché su mano.
–Igual señor. –Asentí y el igual.
–Me llamas cariño. –Ella asintió y salió caminando hacia
Roberto quien lo guiaba hacia la salida.
Victoria suspiró con fuerza y luego me miró con una
sonrisa.
–¿Tu familia sabe sobre esto? ¿Tus… elecciones? –Ella alzó
una ceja y luego negó sonriente. Mistress
divertida, me gusta…
–No, no. Pero… –Rió con gracia. –Ya era hora que alguien
demostrara ser lo que realmente es ¿No? No puedo dejar que todos piensen que
soy algo que no soy. Acaso… ¿Tengo cara de lesbiana reprimida? –Preguntó ahora
desarmando su sonrisa, pero con la misma expresión de diversión hacia su
pregunta.
–¿Puedo responder libremente? –Pregunté y ella asintió. –Pareces
eso cuando nadie te conoce… Pero si se supiese lo que sos capas… La gente que
tiene esa imagen de vos, si apostara quedaría fundida. –Se sonrió.
–Entonces… ¿Si doy esa imagen? –¡Es lo que acabo de decir
mujer! Asentí y ella sonrió aún más. –Está bien lo que hice entonces… –Bajó la
mirada mordiéndose una uña pensativa y… bastante sensual. –Me agrada esto… de
que la gente se arrepienta de lo que se imagina y juzga sin saber… –Estaba
bastante divertida. Acomodé la voz y ella me prestó atención.
–Lamento decirte, que son la una en punto de la tarde y
tengo que hacer mi turno de trabajo… –Sonrió.
–Renuncia. No lo necesitas, puede estar alerta de lo que
a mí me plazca. –Negué.
–En el contrato dice que tu solo mandas en mi vida del
viernes a la tarde hasta el domingo en la noche. –Ella asintió y posó una mano
en su cintura.
–Sí, pero también dice que si, a mí se me antoja, también
tienes horarios designados. ¿Y si a mí se me antoja ponerte de horario
designado desde el domingo en la tarde hasta el viernes por la tarde? –Preguntó
y su rostro no tenía más que expresión de diversión. Negué.
–No me soportarás tanto tiempo detrás de ti Victoria,
también tengo mis días y tu pareces ser una mujer amante de su soledad… ¿Para
qué querrías una casa tan grande sino? –Su cara se sombreó mirándome y asintió.
–Buen punto Guerrero. Siempre con la respuesta perfecta.
Muy buen trabajo. –Asentí y terminó. –Te llevo hacia la capital. –Asentí.
~~~
Cuando llegamos, Roberto abre la puerta hacia Victoria y
yo bajo de él por mí mismo. Roberto miró a Victoria y ella negó mientras que
caminábamos hacia la puerta del edificio.
–No es correcto que bajes antes de que el chofer te abra
la puerta. Son modales. –Negué.
–¿Para qué esperar a que él rodee el auto a abrirme, si
de todos modos tengo mis propias manos para salir de ahí? –Ella negó sonriendo.
–Buena respuesta. Como siempre. Pero eso no es así como
dices… ¿Qué se hace contigo Marcos Guerrero? –Hice expresión de “Solo-Soy-Así”
y ella negó sonriendo.
–No vemos nena. –Dije tomando su mano y dándole un cálido
beso en los nudillos. Ella suspiró.
–Hasta el jueves Marcos. –Murmuró ella. Pensé confundido
¿jueves? –Te gradúas ese día Marcos… –Me recordó ella. Claro, lo recuerdo.
¡Seré oficialmente un Contador especializado en Economía empresarial!
–Tiene razón señorita Bandi. Tiene razón. Y vos
entregaras los diplomas a los graduados como lo leí en el informe de Noelia. –Asintió.
–Hasta entonces bebe… –Dijo dándome un corto beso en los
labios presionando mis manos hacia atrás. Apretó una de mis nalgas y se
sorprendió. –No traes ropa interior… –Negué casi sonriendo.
–Y así atendí a tu padre. –Ella abrió los ojos
sorprendida y su teléfono comenzó a sonar. –Tienes trabajo que atender. –Asintió
y se alejó caminando hacia el auto y atendiendo su teléfono. Me siento muy
satisfecho con la cara que puso. Me abrasaría a mí mismo como a un idiota. Ella
bajó la ventanilla. Levanté la mano saludando y ella guiñó un ojo mientras
hablaba por teléfono, para ver cómo se alejaba el auto.
Ingresé en la casa sonriendo y abrí la puerta. Julián se
encontraba en casa ¿Qué sucedió con el turno?
CONTINUARÁ...
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