Siento Como frena al verme desde los reflejos del vidrio y me acerco a ella con una sábana amarrada desde la cintura para abajo. Me sonrío y la escucho decirme.
Continuación:
-Lamento
haber interrumpido tu sueño… –Me mira con sus ojos brillantes y puedo decir que
hasta avergonzada de pensar que la eh escuchado.
-Tú-tu
música, se escucha bien ¿Porque te detuviste? –Me mira y su boca se frunce con
la vista en las teclas del piano. Suelta esas notas que había dejado congeladas
y finalmente el sonido desaparece.
-¿Qué tienes
de especial? –Me pregunta mirándome a los ojos. Mi mirada la intimida, no la
había visto así antes, ¿será que realmente me ve especial?
-No sé de qué
me hablas nena… –Quiero tocar su mano pero se aleja mientras me asoma la misma
al rostro, encimo mi mano sobre la suya y cierro los ojos para sentirla. Me
acerco para poder tomar su cintura, pero ella se levanta y con su tono
autoritario de siempre me mandonea una vez más…
-¡A la cama!
No has cenado anoche, vas a estar muy débil –Señala la puerta y me levanto para
ir hacia la puerta. Antes de llegar siente como me freno delante de ella y me
doy vuelta, me mira a los ojos y tomo su cintura.
-No me tomes
por la cintura, no me gusta –Su voz es seca y fría, no puedo creer que no se
derrita a tal mirada. ¡Mierda! Ella es tan difícil de comprender y complacer.
-Me gusta
que no te guste, así tienes algo por lo que castigarme.
-¿Me está
desafiando señor Guerrero? –Me mira clavando sus terribles ojos en los míos,
pero con un pequeño rastro de diversión en ellos.
-Sí, la
estoy desafiando señorita Bandi, ¿algún problema? –Se quiere salir pero con mi
fuerza la tomo más junto a mí, siento como su respiración se eleva bien cerca de
mi boca, respiro de su aire.
-No sabes de
lo que hablas Marcos, ¡Suéltame! –Me ordeno. Nunca obedecí.
-Sos tan
hermosa Victoria –Sus ojos se estremecen y me sonríen, su rubor eleva, pero
ella sigue en su postura, como si fuese que las cosas que le digo no fuesen
influyentes en ella, es tan fuerte. Relajate
nena, sé que sentís lo mismo…
-Gracias
Marcos, suéltame, por favor –Me suplica, y siento que realmente la disgusta, se
pone tensa bajo mis manos. Pero por más profundo que me peguen sus súplicas,
tenía que darle un beso con amor que ella sienta todo lo que siento por ella… ¿Amor? ¿Marcos Guerrero hablando de amor? ¿Es posible hablar de amor en tan
poco tiempo?... Y, por más de que sea una sádica con mentalidad pervertida
y su sofocante manera de mandonearme como si fuese mi madre, ella remueve por dentro del corazón como
ninguna lo había hecho antes...
Tomo su
cuello por la parte de atrás y mientras la miro ella quien frunce el ceño. Ni
lo dude, sin dejarla hablar encimo mis labios con los suyos.
En toda la
noche no me ha hecho más que pedir y hacer lo que ella quiso, yo quiero besarla
y sabe que lo voy a hacer, sabe que yo voy a hacer lo que se me antoje hacer y
justo ahora, besarla era mi antojo. Suelto su cintura para su conformidad y veo
como suspira aliviándose.
Su mirada se
suavizó y mientras la apoyaba en el amplio sillón que había allí, jugaba con su
cabello entre los dedos. Caemos y ella saca su ipod debajo de ella antes de
caer, logró presionar un botón que hizo que se escuchara a Adele cantando que quiere ser la única, en todo el ambiente.
Recorrí mi mano desde su muslo hasta su cintura elevando la tela de su camisón
de seda natural, delicada, como su piel, pero me decepcionó ver que se tensaba
bajo mi caricia y suplicó en mi oído.
-No me
toques, por favor… –Me acerqué a su oído.
-¿Por qué?
–No entendía por qué.
-Ya te dije
es uno de mis límites. Simplemente no me gusta. Solo déjalo y haz lo que te
digo… –¿Por qué será que no puedo
dejarlo?
Tomaba ambas
de mis manos en una de las suyas y las tiraba hacia atrás. Se levantó del
sillón tomó mi mano para llevarme a la habitación.
-Acuéstate y
dame la espalda. –Me ordenó mientras se sacaba la bata. Hice lo que me pidió,
sus pies rodearon la cama y luego subió a la cama. Su seda suave se pegó en mi
espalda, sintiendo como traspasaba la calidez de su piel junto con la mía.
Rodeo su brazo alrededor de mi cintura y murmuro dulcemente para mí.
-Dormí
Marcos… –Recosté mi cabeza sobre la almohada y al instante ya estaba en un
profundo sueño.
~~~
*Victoria*
La luz
brillante del sol rozaba mi rostro con calidez y me vi obligada a abrir los
ojos. Cosa que terminé haciendo.
–Mmm…–recordé
la noche anterior. Me di vuelta todavía acostada. Me desperecé y lo vi ahí…
¡Dios! Su
cuerpo era perfecto. Su torso desnudo y musculoso, sus brazos, toda esa fuerza.
Wow.
Pude notar
las marcas en sus muñecas. Pobre, se
movió mucho, tenemos que trabajar en eso Guerrero. ¿Pobre? ¿Victoria Bandi y su mierda tenían piedad?
Me sonreí a
mí misma. Todavía seguía dormido. ¡Ya
olvídalo Bandi! ¡Puedes tener una vida distinta con Marcos!
La lastima
es que: Yo-No-Funciono-Así. ¡Entiende
Maldición!
Me moría de
ganas de tocarlo, de azotarlo como castigo de anoche cuando quiso tocarme…
Te tocó, Victoria…
Me hizo
entrar en razón mi subconsciente.
¡Sí, sí lo hizo!, pero lo detuve ¿O
no?
La regañé y
la pude imaginar cruzada de brazos negando con la cabeza.
Suspiré y
pasé mi mano derecha sobre su hombro.
Él gimió.
Todavía seguía dormido.
Tuve que
contenerme demasiado para que no cogérmelo ahí mismo. Es tan… especial… ¿Por qué?
Me moví para
salir de la cama y prepararle algo para el desayuno.
Dios, mi
vagina estaba tensa. Hice una mueca de dolor. Desde que desperté y pensé en lo
de anoche no dejo de hacer presión.
Gimo.
Marcos, Marcos… Otra vez.
Fui al baño.
Me miré al espejo.
Podía verme.
Esa linda carita de Eh-Estado-Cogiendo-Lindo-Últimamente…
Me favorece esa linda cara…
¿Linda carita? ¿Y esa ternura? ¿Estás
bien Bandi?
Deslicé mi
camisón corto de seda y cayó en pocos segundos a mis pies.
Mis piernas,
mi piel lisa y firme, mi abdomen, algunos abdominales sobresalían, pero no
tanto y mis senos perfectos levantados y voluminosos.
Tenés que
dedicarte más tiempo en actividad física, Victoria.
¡Oh déjame en paz demonios soy
perfecta así! ¡A la mierda con tu mierda estoy muy bien!
Me sonreí y
suspiré.
Mis labios
estaban un poco hinchados.
Sonreí
pasando mi dedo índice por el labio.
Si Marcos
estuviera acá, en este momento…
El
pensamiento me excitaba.
Entré en la
ducha rápidamente, antes de que hiciera alguna locura.
*Marcos*
La luz llenaba
la habitación. Me estiro y abro los ojos. Parece una hermosa mañana… Wow, qué
vista. De acá Buenos Aires es precioso.
Miro a mi
alrededor y recuerdo a Victoria. Sonrío y salto de la cama.
Ella no está
acostada pero inmediatamente sé qué se está bañando por el ruido proveniente de
la ducha.
¿Qué pasa si
entro a bañarme con ella?
La idea me
excita.
Nunca
ninguna mujer me había hecho llegar al orgasmo de anoche. Muy intenso…
¡Se está metiendo dentro de ti!
Puto, puto,
puto inconsciente… ¡Ándate a cagar la
mujer es increíble! Aparte, yo me metí dentro de ella de todas formas y maneras…
Miro a su
mesa de luz y puedo verla, veo una foto de ella, solo ella.
Me estiro
sobre la cama para agarrarla.
El marco es
frio, ¿de plata? Sí, eso creo.
Me concentro
en la foto.
Es ella… con su mirada miel caramelo,
dominante. Tiene los labios curvados y su cabello en ondas que caen perfectos
en sus pechos.
Trae unos
tacos negros, una pollera unos centímetros debajo de la rodilla y una camisa,
dentro de la pollera, roja sangre.
El look la
favorece mucho, remarca mucho sus curvas.
Sus senos
sobre todo. Dios Victoria, sos tan hermosa, tan sexy, tan única…
Parece estar
en una sesión de fotos.
El fondo es
blanco, opaco, un poco tirando al gris. Obviamente mira a la cámara y su mano
derecha está sobre su cintura cuando la izquierda acomoda un mechón de cabello
rubio detrás de su oreja.
Después de
mirar una y otra vez la foto, la dejo en su lugar y me deslizo de la cama en
busca de algo de ropa.
Paso
nuevamente por el baño, y no puedo evitar volver a escuchar la lluvia… Mhh…
¡Entra ya idiota!
¿Mi
subconsciente lo quiere? ¡Mi subconsciente lo tiene!
Ingrese en
el cuarto de baño con absoluto silencio, sonaba a: su cuerpo sobre el agua sin
moverse… Si a eso sonaba. Así
como venía desde anoche, ingrese bajo la ducha junto a ella.
–¡Mierda! –Se
sobresaltó ella. Me sonreí por lo bajo.
–A veces
pareces tan inocente… –Se rio con una carcajada cuando lo escucho.
–Vamos
Marcos, tu eres el inocente al decirme eso… La inocencia no está en mi
diccionario bebe… ¿Qué haces acá? –Pregunto. O mierda, ella es una mujer con
deseos y necesidades sadomasoquistas. ¿De
donde mierdas sacaste la Inocencia idiota?
–Escuche la
ducha, y no pude evitar venir contigo… Sos aún más hermosa de lo que recordaba…
A perdón… ¡No te había visto desnuda antes y cogimos! –Le reproche y ella se
sonrió, ella es tan traviesa…
–Marcos…
¿Acaso no me escuchas cuando hablo? –Corrió mi mano de su cintura y me azoto el
trasero ¡Ella! ¡Ella lo hizo! Hice
una mueca de dolor, ardía… Sus ojos brillaban con una sombra más obscura en los
en sus hermosos ojos.
Creo que
abrí mi boca del shock, ella solo asentía varias veces haciéndome recordar sus
necesidades y gustos y luego, y luego yo…
–Vos… vos realmente no lo hiciste ¿Verdad? –Pregunte, ella
asintió y yo no pude evitar sonreír, no se siente tan mal, creo que casi llego
a un orgasmo… Ok eso es demasiado, pero igual es… Algo excitante al igual de
doloroso…
Me pongo en
búsqueda de mis bóxers. Los encuentro acomodados junto a mi traje sobre un
sillón.
Alguien
debió ponerlos.
Más personal
Bandi, supuse.
¡Julián! Oh,
no. No pensé en él en toda la noche. Se suponía que le mandaría mensajes para
arreglar el turno en el bar. Mierda. Voy a estar en problemas. Me pregunto
brevemente si está con Natacha.
Busco mi
teléfono en el saco.
Sí, ahí
estaba.
Tres
mensajes de texto. Todos de Julián.
*¿Cómo va la noche, “señor Guerrero”?
jaja*
*Hey, chabón, estoy con Natacha, llámame
o mándame mensaje cuando puedas, tenemos que arreglar los turnos mañana en el
bar.*
*Okey, Marcos, no dormí mucho anoche,
siempre que viene Natacha duermo poco, casi nada. Ambos. No me llamaste así que
el primer turno lo hago yo. Más vale que estés acá para el segundo.*
Lo llamo y
no responde. Dejo un mensaje para que se quede tranquilo que voy a estar ahí.
Victoria
todavía sale del baño.
–Cada día que
pasa, y ella sigue tan hermosa como todos los putos días… –Sonriente pasaba por
mi lado y note una pequeña marca sobre su abdomen. Ella negó al verme
acercarme, levante ambas manos en señal de que no la tocaría y solo me limite a
observar esas pequeñas marcas…
–Varicela… –Note
que mentía por su tensión al responder. Pero lo dejare ahí hasta ahora. Asentí
y ella me movió la mano en dirección a la puerta. –Marcos por favor… –Asentí
nuevamente y Salí con solo los boxers puestos.
Esas marcas
eran tan profundas, parece como si hubieras calentado un fierro y se lo
hubiesen enterrado sobre la piel. Muy buena excusa debo admitir, varicela… Me
sonreí. Tendré que investigar más tarde.
Pero ahora me
muero de hambre. Me dirijo a la cocina.
Abro las
puertas de la heladera. Saco leche, mermelada y un par de naranjas.
Apoyo los
ingredientes en la mesada y me dirijo a abrir todas las puertas de la alacena
para buscar café, un poco de pan y azúcar.
Los consigo
y junto los ingredientes.
Rebano
rodajas de pan, y las meto en la tostadora que encuentro en segundos.
Busco
cuchillos para untar y pongo la mermelada y los mismos sobre la mesa.
Lleno la
pava con agua mientras busco con la mirada las tazas a la vista para preparar
café con leche.
Lleno las
tazas con café y algo de leche. Vierto el agua caliente y revuelvo. Las llevo a
la mesa junto con el azúcar.
Corto las
naranjas a la mitad y las exprimo, en unos vasos también a la vista, y saltan
las tostadas. Llevo todo a la mesa.
Listo.
Me siento y
escucho esos tacos de Victoria-Bandi-Se-Esta-Acercando.
Se asoma en
el comedor moviendo sus caderas.
-Buenos
días, Guerrero –Se sienta en la mesa, enfrente mío.
Me quedo
boquiabierto. Ella, ella esta increíble.
-Respira
Marcos… –Sonríe relajada.
Su
maquillaje y peinados eran perfectos. Como si hubiera pasado horas
produciéndose.
¿Cómo mierda
podía hacerlo tan natural?
-Espero que
te guste –Logré decir bajo su mirada.
-Me encanta –Apoyó
sus codos sobre la mesa dándole un sorbo a la taza.
Lo hacía
mirándome.
Mierda,
recuerdo todo lo que hizo anoche conmigo, con su boquita.
Mi amigo
despierta.
–Victoria
¿puede ser que simplemente no seas tan sexy hasta para comer? –Me queje y ella
me miro sin expresión alguna. Aunque sus labios reprimían una sonrisa, su
mirada sobre la mía casi en un regaño… Oh aquí vamos de nuevo ¿Quién demonios manda Guerrero? Oh si… ¡Ella!
Suspiró con
fuerza y respondió:
CONTINUARÁ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario