miércoles, 4 de diciembre de 2013

Capitulo 4°

Anteriormente...
Nuestras manos más que por térmica, se separaron por disgusto. No volveré a tocarla. Miró a Marcos al instante y notó como nos mirábamos, ella no es solo su amiga, o no por lo menos desde su lado.

Continuación:

Luego de un rato largo en el mismo bar, ya varias copas demás, noté como florecía la ebriedad sobre todo de Marcos, quien me preocupaba. Me acerqué a él luego de ver como Murray me sacaba de encima a la amiga.
-Marcos, me parece que deberías dejar de tomar- Le dije tratando de que entienda.
-No me digas que hacer Victoria Bandi- Encima que lo ayudo, idiota.
-Está bien- Me alejé y vi como se me acercaba.
-Emmm, ¿vos me estas tirando onda a mi?- Me alejé aún más y sentí que se asomaba a mi cintura.
-No Marcos- Lo alejé y alguien interrumpió, oh dios santo… otra vez esta mujer, ¿no le gustaba mi hermano?
-Marcos, ¿vamos a bailar?- Dijo tomando su mano.
-Solo si Victoria Bandi viene conmigo.- Dijo extendiéndome su mano, por dios, hace cuanto que no bailo… ¿Y porque me dice con mi apellido  y nombre cada vez que me habla?
-No, no ahora gracias Marcos- ¿Qué mierda me sucede? Ok, si se da otra oportunidad lo hago. Vamos concédeme el deseo.
-Ok, no voy a insistirte Bandi- Se levantó y fue tras ella. Los veía bailar apretados y no me agradaba, Marcos Guerrero, porque tuviste que volverte mi meta tan imposible. Traje a mi hermana a este bar sabiendo que estarías trabajando aquí y no sé ni como invitarte a tomar un trago, me comporto como una estúpida adolescente de quince años! Vamos Victoria, le llevas dos años a este hombre ¡Compórtate!
Saqué mi Blackberry, quien zumbaba, y atendí el llamado. Vi como los dos salía mientras hablaba con Roberto, quien me comentaba que acabamos de tener un pequeño robo en el auto. El lugar es raro, era obvio.
-¿Vos estas bien?- Dije queriendo lo importante, la plata me sobra, por eso lo material se los dejo. Salí queriendo tambien saber sobre Noelia y Marcos y mientras Roberto seguía hablando en mi oído.
-Si señorita gracias por preocuparse y mil disculpas esto no va a volver a ocurrir- Estaba apenado pobre hombre, yo buscaba a esos dos condenados.
-Tranquilo Roberto. No te muevas del auto sinó no tendremos como volver a casa- Me sonreí y hablando terminando.
-Si, quedesé tranquila señorita Bandi yo cuido todo- ¡Los encontré!
-Te dejo, cuidate ya nos vamos pronto- Le corté y noté que estaban hablando de lo más pegados.
-Necesito que me digas que te sucede Noe, no sos así vos- Marcos la abrazaba porque llorisqueaba en sus brazos.
-Marcos, perdoname Marcos, yo… Yo sé que somos amigos, pero vos sabes lo que siento por vos. Sabés que estas dos semanas me sirvieron para llenarme de valor y decírtelo.- Marcos estaba perplejo mirándola, ella se acercó para querer besarlo y él la frenó.
-No Noe, por favor- La alejaba, pero ella se lanzaba en sus brazos tratando de conseguir su meta.
-Por favor Marcos, deja que te muestre lo que siento por vos, capas es mutuo- Seguía acercándose a él.
-No, no quiero, dejame, dejame solo, dale.- Trataba de alejarla, pero ella más lo sostenía.
-Marcos- Le susurró.
-Dejalo, te dijo que no, ¿no ves que está mal?- Dije algo enojada, y aún más seria ¿Desde cuando soy defensora de pobres? ¡Dios! Este chico me está poniendo mal.
-¿y vos que haces acá?- Preguntó. La miré con seriedad y mucha furia. –¡Mierda Marcos, que asco!- Marcos devolvió todo de un solo tirón y ella se alejó de él, mientras yo sacando mi pañuelo lo ayudaba a arrodillarse.
-¿Qué haces Victoria?- Dijo mirándome, ¿no es obvio corazón lo que hago?
-Te dije que no tomaras más, ¿Por qué no haces caso a lo que digo?- Lo miré y se me sonrió. Volvió a devolver y yo secaba el sudor de su frente, hacía calor en el lugar y él llevaba una campera. -¿Ya está?- Me asintió. –Pobres florcitas- Dije viendo a las pobres plantas. –¡Vamos! Te llevaré a tu casa.- Lo ayudé a levantarse y me frenó.
-¡No!, hay que avisarle a Julián que la llave la dejé en el vecino, es que perdí mi llave y yo tenía la suya- Lo miró fijamente.
-Le llamamos a Natacha- Saqué el teléfono y no me atendía.
-Vamos y la avisamos- Me suplicó tan sentido que no pude negarme, me encantan sus ojos.
-Ok, pero ni te creas que voy a dejarte quedar así, ahí adentro  ¿me escuchas?- Me asintió y volvimos a ingresar.
La estúpida que decía llamarse amiga, desapareció del lugar, mejor, sinó ya la estaría matando. Llegamos a la barra y pedí dos vasos de agua fría.
-¡Tómatelos!- Me miró y no se negó a hacerlo, aunque su cara no era la mejor, sé que odia que le digan lo que tiene que hacer, me di cuenta. Ya estado un poco mejor, se levantó.
-¡Vamos!- Nos levantamos y lo abracé por detrás. Caminamos mientras me hacía bailar amarrado a él desde su espalda. Me sonreía y se sonreía conmigo. Sentí como sus latidos se aceleraban bajo mi mano, y nos acercábamos a mi hermana y Julián. Marcos murmuró algo con él y le advertí a Natacha.
-Lo llevo a su casa, esta que en cualquier momento se me cae- Me miró con cara de picardía, yo le rodé lo ojos irritada.
-¡Vamos que tu puedes Victoria!- Me gritó en el oído, para que la escuchara sobre la música.
-Cuando no vos. Chau Natacha- Abracé a Marcos por el pecho para llevarlo a la puerta. Llamé a Roberto para que me ayudara a llevarlo y como se me quedó dormido no pude saber ni en donde está la llave de su casa, solo lo llevé a mi departamento.
Cuando llegamos, encargué a Roberto a traerle ropa limpia para la mañana y lo recosté sobre mi cama. Le saqué los jeans y las zapatillas para portarlo bajo la frazada. Lo observé dormir por dos horas exactas y hasta charlaba y todo. Jamás había dejado dormir un hombre en mi cama, pero no me quedó de otra que dejarlo, no había lugar. Es tan especial… ¿Qué mierda estás haciendo conmigo Marcos Guerrero?
*Marcos*
Era un soleado día nuevo en Buenos Aires, mi rostro estaba tomado por el sol de la ventana. Abro los ojos y siento como la imagen de una habitación poco común se aparecía en mi vista. Era muy cálido y todo olía a perfume femenino. Cuando siento que no la conozco me levanto de golpe y veo como mi cabeza da vueltas y vueltas. Ah, claro, la resaca.
Vuelvo a acostarme y cierro los ojos dos segundos. Desde una puerta, una conversación se escucha en la otra habitación. Me vuelvo a levantar, y una sueva voz llena de seguridad y dulzura, llega desde la puerta, que al parecer parece un baño. Me levanto silencioso y a mi lado veo una pastilla, un vaso de jugo de naranja y suponiendo que es para mí, tomo la pastilla y me la trago con la ayuda del jugo. La bebida recorre mi garganta sin náuseas, asique muy tranquilo me destapo para notar que ¿no llevo pantalones? ¡Mierda! ¿Cuándo y como me lo saqué? ¿A caso fue ella? Me levanté y di vueltas en la habitación viendo en donde encontrar mi ropa, y nada. Me acerqué así como estaba en remera y bóxers y la vi por la puerta. Estaba de espaldas mirando al espejo y estaba hablando por su teléfono, ¡en francés!
-si le cours (…) Bon que son secrétaire communiquer ce avec le mien et il va prendre. (…)Non, le plaisir est pour moi.(..) Chau, bientôt.
(Si por supuesto (…) Bueno que su secretaria se este comunicando con la mía y ella se va a encargar.(…) No, el placer es todo mío. (..)Chau, hasta pronto.)
Colgó y me apresuré a acostarme, cuando lo hice mi plan era dormir, pero no medí que estaba frente a una mujer ultra mega archi detallista.
-Ya sé que estas despierto- Dijo mientras me tocaba una mejilla con su mano.
-Hola, ¿Cómo sabés que no dormía?- La miré tratado de saber como. Ella me sonreía con una brillante sonrisa tetada y mirando el vaso vacío, claro, el vaso lo olvidé.
-El vaso Marcos, te lo traje cargado y ahora está vacío- Cerré los ojos y la vi reírse como pequeña. Decidí que le haría otra pregunta incómoda, para ver si se le iba lo burlona.
-¿Vos me quitaste la ropa anoche?- Su rostro se detuvo con la sonrisa y se puso serio y rojo en segunditos. Me asintió, mientras el que comenzaba a reírse, era yo…

CONTINUARÁ...

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