Me levanté
como todas las mañanas rezongando con mis ojos y mi cuerpo que imponen pereza.
¡ARRIBA VAMOS! Me grita mi subconsciente desde adentro haciendo que mis ojos
abran al sentir como el sol da en mi cara. ¡Maldita sea! No tengo opción, debo
despertarme y aprontarme rápidamente para ir a debatir este negocio con la “Estirada
de grandes sumas bancarias y empresas exitosas” entre millones o no… billones!
De pesos en cuentas bancarias.
La verdad no
estoy ni nervioso y desesperado, lo voy a hacer por primera vez, y la verdad
que me siento muy presionado por ello, lo voy a hacer a la deriva, y ya le dije
a Julián.
-Tranquilo
Julián, todo estará bien- Dije tomando mi ipod mientras lo veo pálidamente
nervioso.
-Dale pero
espero que te comportes, sabes cuánto me costó que esa bendita mujer me haya
dado una esperanza- Dice aún pálido.
-Bueno
tranquilo, tómalo con calma ¿A caso no confías en mi?- Pregunto con media
sonrisa.
-NO. ¡Y lo
sabés!- Dijo seriamente.
-¡Anda vos
entonces!- Dije dándole mi espalda mientras trataba sacar mi saco.
-¡NO! No, no
sabés que llega Almendra de Londres y tengo que ir en busca de ella al
aeropuerto.
-Bueno,
entonces no te quejes y deséame suerte- Dije sonriéndome.
-¡Suerte! Y
SE CORTES ¿ESCUCHASTE?-
-¡Sii!-
Salgo a las
corridas en su deportivo, ya que mi auto es demasiado lento para correr desde
acá hasta allá. Traté de pensar en miles de posibilidades de ingresar en ese
edificio y tratar de arrebatarle esa semilla que Julián quiere de ella para
nuestro nuevo emprendimiento.
La verdad
que no entiendo porque necesita de ella, porque no busca a un Empresario más
carismático y con más entusiasmo, debe ser una estirada de alta edad con ojos
profundos y firmeza en su voz, como todas… ¡Una Reina! Me permití dejar de
pensar posibilidades de cómo ella es, y terminé con encender el ipod para no
pensar en nada en lo absoluto.
A las
corridas estacioné y agradecí haber llegado cinco minutos antes, ya estando
aquí, me ponía un poco nervioso tener que enfrentarme a esta poderosa
Empresaria junto a nuestra oportunidad que tiende soportado por mí, tengo que
aguantar hasta que ella haya firmado el acuerdo de elevarnos, esto será muy
complicado, ojalá no sea tan complicada como todas las mujeres…
Un breve
suspiro y una hermosa morocha me dan la bienvenida.
-Buenos
días, ¿puedo ayudarlo?- La observo, es tan femenina dentro de su falda y su
saco todo azul obscuro mientras que sus labios llevan un fugaz rush sin color
pero que remarcan de brillo sus labios, junto a su mejor adorno, su sonrisa.
-Sí, vengo a
ver a Victoria Bandi- Ella se sonríe y me interrumpe.
-Ah sí,
claro usted es Giménez ¿no?- La miro distraído y recordando que es el apellido
de Julián asiento.
-Sí, pero él
no podrá asistir, yo vengo de su parte, mi nombre es Marcos Guerrero-
-Ok tenga la
credencial y suba por aquel ascensor hasta el último piso- Me asomó la tarjeta
de visitante que me instruyó a ponerme sobre el cuello y terminé por ir hacia
el ascensor y subir hasta donde ella me dijo, el último piso.
Unos cuantos
minutos subiendo y terminó por dejarme en el piso deseado, bajé y caminé hacia
otra resplandeciente morocha tras escritorio con unos hermosos ojos, todas
morochas, ¡que bellas son! Todas con ese mismo uniforme y con esa iluminada
sonrisa con mucha predisposición.
-Hola soy
Marcos Guerrero tengo cita con Victoria Bandi- Me mira sonriente y dice con una
inmensa sonrisa.
-¡Claro!
Espere unos segundos que la señorita está ocupada y ya lo atiende-
-Ok gracias bombón- Se ruboriza bajo su suave
mate tono de piel y yo le dejo salir un guiño amigable, se sonríe y otra
despampanante morocha se une a ella y entre cuchicheos se sonríen mirándome.
Veo que una coge el teléfono con mucha tensión y noté su cara seria y rigidez
en lo poco que alcancé a escuchar de su voz. -Sí, si señora, si- Cuelga y la morocha que vino después se acerca a mi diciendo- Ya puede ingresar, es aquella oficina de allá -Señalando esa inmensa compuerta que me dirigía a la habitación.
-Gracias
hermosa- Le sonrió y responde con la misma en su rostro junto a su gran rubor,
lo entiendo, suelo generar eso en las mujeres.
Me dirijo
hacia la habitación e ingreso tocando la puerta. Un asiento de espalda me da la
bienvenida y una voz muy femenina, firme, dura e impaciente se escucha.
-No ¿Cómo
que no pueden con todo? ¿Para eso me decís que tomarás en control de esto?
Dejalo así, yo… No, no hagas nada tengo una reunión, tomará su pequeño tiempo,
después hablaremos y veré como hago para estar ahí!- Cuelga y su voz se queda
en silencio. De pronto se escucha que murmura
-Mierda-
Pega a los costados de su sillón y yo me sonrió y eso creo que lo escuchó
porque de inmediato se dio vuelta y me vio parado frente a ella.
¡Jamás en mi
vida pesé que mi imaginación iba a ser tan mala! Es una hermosa mujer de unos
veintitantos de años, con unos brillantes e intimidantes pequeños ojos color
miel, su cabello cae por su hombro de la mejor manera en unas ondas bellísima
con su mejor color en un rubio platinado. Sus labios rojos carmesí sobre su
piel blanca pálida pegan perfecto y trae una sensual camisa semitransparente en
bordó con su falda negra, la veo ruborizarse en el instante y una hermosa
sonrisa me regala. Creo que todas las morochas a su lado son mil veces opacadas
por ella.
La veo
llegar hacia mí con sus bellísimas piernas y de inmediato me ví sacándole esa
camisa sobre su escritorio, ¿Que mierda estoy pensando?, veo que me habla y no
sé que carajo responder, me quede como… Perdido ante su intimidante mirada.
Cuando al fin mi cabeza se predispone a responderme, la escucho decirme.
-Señor
Giménez- Me mira y ya su sonrisa se desvanece, ya estableció su seriedad en mí.
Respondo de inmediato.
-Guerrero,
soy Marcos Guerrero, Julián, el señor Giménez es mi amigo y vengo a suplantarlo
porque tuvo un percance de último minuto- Ella me asintió sin prejuicios y
dijo.
-Ah bien,
bueno entonces sientese que comenzaremos con el motivo de la reunión- Rodeó su
escritorio y me dio su espalda por fugaces minutos, mi labio se comprimió en
mis dientes y no pude hacer más que disimular las ganas que le tenía a la
ricachona de pequeños ojos miel y a sus largas y sensuales piernas pálidas.
Se sentó y
de inmediato le ofrecí esos papeles que Julián mandó para ella. Victoria
estableció sus lentes y de inmediato emprendió la lectura, fue demandante ver
cómo me miraba sobre sus pestañas, ¿que le sucede conmigo? Me mira raro, estoy
empezando a creer que no le agrado, pero bueno, traté de sacar cosas de mi
mente que podrían ser erradas, ya que lo poco que me la imaginé no estuve ni
cerca de esa atractiva mujer de pequeños ojos miel, me eleva su mirada, es…
¡Genial!
Luego de una
larga charla, la reunión se da por terminada y ella me mira bien por varios
segundos. Se sonríe y me pregunta con media sonrisa dibujada.
-¿Tiene idea
de lo que acaba de conseguir?- Me pregunta con credulidad, yo le respondo muy
seguro y rápidamente si pensar.
-Sí, una
inversión muy importante de su parte, lo sé- Me vuelve a regalar media sonrisa
sin mostrar los dientes bellísimos que antes si eh visto, me miró y terminó.
-Bueno, es
todo señor Guerrero, no necesito ni necesita más, estoy de acuerdo y tienen mi
apoyo laboral- Se levanta de su asiento y me extiende su mano, me elevo de mi
asiento y le respondo estrechando manos. Ojos miel y ojos negros se cruzan por
fugaces segundos, ambos pares de ojos obscurecen con el acercamiento y una corriente
eléctrica nos separa. Ella arruga la frente y frota su mano mirándome a los
ojos, ¿que fue eso?
CONTINUARÁ...
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